Un análisis global demuestra que recuperar la fortaleza institucional después de un período autoritario es excepcional; los daños institucionales de los gobiernos autoritarios rara vez se revierten por completo. La lección para Argentina: es crucial proteger las instituciones ahora, porque la «vuelta a la normalidad» es una ilusión.
La creencia de que las democracias pueden «rebotar» y fortalecerse tras un gobierno autoritario es, según la evidencia, un espejismo. La experiencia internacional revela que 9 de cada 10 países que superan un retroceso autoritario fracasan en sostener la recuperación por más de cinco años. La resiliencia es la excepción, no la norma.
¿Por qué la recuperación es tan frágil? Tres factores clave:
- Los Legados que Persisten: Los líderes autoritarios no se van sin dejar una marca profunda. Modifican leyes, copan la justicia y los medios, y reescriben las reglas de juego. Estos cambios son extremadamente difíciles de revertir, como muestran los casos de Polonia y Estados Unidos, donde los tribunales y leyes amañadas por gobiernos anteriores continúan definiendo el panorama político años después.
- El Oportunismo de las Coaliciones: Las alianzas que derrotan a un gobierno autoritario a menudo prometen restaurar la democracia, pero una vez en el poder, frecuentemente conservan y aprovechan los resortes autoritarios heredados. Zambia y Perú son ejemplos de cómo las coaliciones «prodemocráticas» pueden terminar concentrando el poder y persiguiendo a la oposición.
- Un Contexto Global Hostil: El apoyo internacional a la democracia se ha debilitado. Potencias como Estados Unidos y Europa han reducido su prioridad en la promoción democrática, mientras que actores autoritarios como Rusia y Turquía interfieren activamente en los procesos políticos de otros países. Además, el apoyo ciudadano a la democracia está en declive global, con una caída del 15% en América Latina en la última década.
El Caso Argentino en el Espejo Global:
El gobierno de Javier Milei se alinea con este patrón global de regresión. En menos de dos años, ha firmado una cantidad récord de decretos de necesidad y urgencia, designado jueces de la Corte Suprema sin acuerdo del Congreso, y desmantelado agencias estatales clave. Los ataques sistemáticos a la agenda de derechos humanos, la estigmatización de opositores y la represión de la protesta social son prácticas que, según el análisis, dejan un daño institucional duradero.
Prevenir, No Curar
La lección central es que no se puede esperar a que pase la «tormenta» autoritaria para volver a la normalidad, porque la normalidad previa ya no existirá. Reconstruir la democracia es mucho más difícil que desmantelarla. La única estrategia efectiva es la prevención: fortalecer urgentemente las barreras de contención, como la independencia judicial, los medios libres y los procesos electorales sólidos, para proteger el capital democrático que aún permanece.
¿Te interesa profundizar en los casos de Brasil, Bangladesh y las estrategias concretas que países como Alemania están implementando para blindar sus democracias?
Leé el análisis completo publicado en Le Monde diplomatique – edición Cono Sur:
El impacto duradero de un gobierno de vocación autoritaria (requiere suscripción)
Una versión de este artículo se publicó primero en el Journal of Democracy. Este contenido forma parte de un proyecto de investigación apoyado por el International Development Research Centre.
