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Sin mujeres y con violencia NO HAY DEMOCRACIA

América Latina es la región más violenta del mundo y las mujeres en general -y en particular aquellas más jóvenes- sufren las violencias de género basadas en la construcción histórica y cultural de relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres naturalizando prácticas violentas que develan la valoración histórica de inferioridad asignada al cuerpo de las mujeres. La magnitud e incidencia de esto es crítica y su rasgo más extremo es el femicidio (1): entendido como delito de lesa humanidad el asesinato de mujeres por su condición de ser mujeres. De acuerdo, al OIG, en 2016 se registró un total de 1.831 casos de feminicidio, teniendo en cuenta datos de 18 países de América Latina y el Caribe. Entre aquellos con mayores tasas de feminicidio se encuentran Honduras (466), El Salvador (371), Argentina (254) y Guatemala (211).

Las violencias puede ser entendidas en diversos y complementarios modos: sea por la acumulación sistemática y progresiva de variados factores que devienen de las mencionadas relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres, así como por los obstáculos para las mujeres en el acceso a oportunidades educativas y laborales, también el acceso restringido a puestos de toma de decisión y poder. En ese sentido, siguiendo los lineamientos del paradigma interseccional (2), existe un complejo entramado de múltiples y simultáneas violencias que sufren las mujeres en nuestra región. De esta forma, no se puede disociar la violencia estructural que afecta a las mujeres por el hecho de serlo del agravado que genera la intersección de patrones culturales, “raciales”, heterosexistas y el legado del colonialismo.

Ante esto, nuestras democracias adeudan aún, en pleno siglo XXI, la formulación e implementación de políticas orientadas específicamente a reducir -y progresivamente eliminar- la violencia en contra de las mujeres en todas sus dimensiones. Es por ello que resulta indispensable abordar en qué modo es posible reforzar las capacidades y estrategias de estas para luchar contra las prácticas violentas. Una de las plausibles razones por las que podemos inferir que estas políticas no se han desarrollado aún (o no se logra mayor efectividad con las medidas tomadas hasta el momento), y que se convierte a su vez en uno de los rasgos más característicos de la violencia estructural, es la desigual participación de mujeres en política respecto a los hombres. Es importante recordar que la política representa el ámbito público por excelencia, por tanto, la construcción histórica de las relaciones de poder desiguales -y con ello, los roles de género que han impedido el acceso de las mujeres a los lugares de toma de decisiones-. Muestra de esto es que, en América Latina, las mujeres forman parte sólo del 22% de los gabinetes ejecutivos, representan el 28% de los miembros del Congreso/Asamblea y el 12% de las posiciones ejecutivas en gobiernos subnacionales (3). Tendencias similares, pueden ser observadas en liderazgos dentro de organizaciones de la sociedad civil y en la participación de los debates públicos (4).

Teniendo en cuenta todo lo hasta aquí mencionado… ¿Cómo se pueden implementar soluciones si solo los hombres se encuentran en las posiciones dominantes de toma de decisión? Como organización comprometida en la construcción de democracias inclusivas y paritarias, y de sociedades justas para América Latina, desde Asuntos del Sur creemos que el fortalecimiento de las condiciones que posibiliten o que den ulterior impulso al interés cívico y la participación política de las mujeres puede resultar en mejoras sustanciales para resolver otros tipos de violencia (física y estructural). El empoderamiento de las mujeres juega aquí un rol fundamental, ya que a través suyo es posible aumentar el nivel de incidencia -a largo plazo- en la toma de decisiones de las políticas públicas destinadas a resolver estas cuestiones.

Es en este marco que, desde Asuntos del Sur, nos hemos embarcado –con el apoyo del IDRC- en el Proyecto SISA “La participación como emancipación de las jóvenes”. El mismo parte de la convicción de trabajar sobre la construcción de democracias más inclusivas, interculturales y paritarias, para lo cual resulta indispensable generar las condiciones necesarias para una efectiva participación amplia e igualitaria de todos los sectores de la sociedad. Es así que nos proponemos abordar, por un lado, cómo las violencias que padecen a diario las mujeres jóvenes obstaculizan su participación política (en ámbitos formales e informales), mientras que, por el otro, intentaremos identificar en qué modo su activismo puede concebirse como una herramienta emancipatoria que les permita combatir y superar dichas situaciones de violencia.  

Partiendo de este doble objetivo, nos planteamos la búsqueda de aportes desde las propias mujeres jóvenes, con miras al fortalecimiento de sus capacidades y saberes para promover la participación política en contextos de violencias en cuatro países de América Latina: Guatemala, con colectivos con una fuerte presencia de mujeres indígenas y rurales; Ecuador, en un territorio (Esmeraldas) donde la interseccionalidad es palpable –con mujeres afrodescendientes, migrantes, campesinas y sectores económicamente postergados; Paraguay, en donde focalizaremos el trabajo en la población de las mujeres transexuales de Asunción y del interior del país; y Argentina, ya no focalizado sobre un sector específico o un determinado colectivo, sino más bien abordando el ecosistema de organizaciones de mujeres y su capacidad de incidencia en las políticas públicas.

De este modo, durante los próximos dos años, intentaremos ir dando respuesta a los siguientes interrogantes:

●  ¿Cómo afectan las violencias a los derechos políticos de las jóvenes y a su participación democrática tanto en la institucionalidad formal como en espacios públicos digitales?

●   ¿Qué métodos y prácticas están emergiendo en/desde los sectores vulnerables  para subvertir los contextos de violencias y generar prácticas políticas inclusivas?

●  ¿Cuáles son los mayores riesgos -en materia de seguridad digital- para las jóvenes que buscan participar activamente en política usando medios digitales?

●   ¿Mediante qué tipo de estrategias de intervención (en contextos de violencias) es posible aumentar las capacidades de las jóvenes y su activismo?

●  ¿En qué modo o bajo qué circunstancias es posible replicar experiencias e iniciativas que hayan resultado positivas en el trabajo de las jóvenes para combatir las violencias de género contra las mujeres?

●   ¿Cómo fortalecer la sustentabilidad en las acciones de estos grupos destinadas a combatir las violencias contra las mujeres y que éstas tengan una mayor incidencia en las decisiones de sus respectivos territorios?

Considerando lo hasta aquí mencionado, y en modo de comenzar el trabajo en Argentina, Asuntos del Sur y la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad de San Martín convocan al conversatorio “Participación Política de las Mujeres, Género y Diversidades”. El mismo tendrá lugar el jueves 12 de abril, 9.30 a 13hs, en el Edificio Volta (Av. Roque Sáenz Peña 832 1° piso, CABA).

Se trata de una jornada de discusión sobre la situación actual de la participación política de las mujeres y otros colectivos históricamente subrepresentados, haciendo énfasis en los avances y en los obstáculos para el logro de democracias paritarias e incluyentes. Desde una perspectiva amplia de la participación, el objetivo de esta jornada reside en reflexionar sobre el acceso y el ejercicio del poder en ámbitos institucionales, sociales, comunitarios y laborales. A su vez, se buscará identificar los avances y las limitaciones que afectan la acción política de los colectivos de la diversidad sexual, como la comunidad LGBTI, y cómo opera la interseccionalidad en grupos discriminados, afrodescendientes y/o indígenas.

Contaremos con aportes provenientes tanto de la academia como del activismo político, en modo de dar el debate y construir conjuntamente análisis que se sumen al contexto actual de la Argentina en materia de visibilización e impulso de una agenda política feminista.

Sumate!! Te esperamos!!

Notas al pie:

(1) Según datos de OIG, en Paraguay se registraron 29 feminicidios. Sin embargo, según los subregistros que se evidencian, la titular del Viceministerio de Protección de los Derechos de las Mujeres, Estela Sánchez, aseguró que “un promedio de dos mujeres por mes fallecen víctimas de la violencia, especialmente por parte de parejas o ex-parejas” en 2014. Artículo del diario ABC Color, de fecha 28 de noviembre de 2014. Disponible en:  http://www.abc.com.py/especiales/fin-de-semana/dos-feminicidios-cada-mes-1310438.html

(2) Dentro de este paradigma se encuentra autoras como Crenshaw, Lagarde, González, Masson y Symington, entre otras.

(3) CEPAL (2016). Autonomía de las mujeres e igualdad en la agenda de desarrollo sostenible. Disponible en: https://www.cepal.org/es/publicaciones/40633-autonomia-mujeres-igualdad-la-agenda-desarrollo-sostenible

(4) Observamos este tipo de discriminación incluso en la producción artística. Un reciente estudio muestra que sólo el 13% de todas las películas producidas en Brasil han sido dirigidas por mujeres y que el 22% del elenco ha sido liderado por una mujer. Ninguna mujer afro o indígena estuvo al frente de ninguna de estas categorías (Candido et al., 2016).

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Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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