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¿Qué gobierno merecemos los ecuatorianos?

Sin ánimo de arribar a conclusiones antojadizas, el próximo gobierno tendrá innumerables desafíos públicos. Especial y señaladamente, en lo concerniente a la construcción de un liderazgo más colaborativo y horizontal para el desarrollo de la  democracia actual. Ya no se trata de proponer una mirada binaria frente a lo positvo o negativo del ejercicio del poder, sino más bien, de establecer un Estado “amigo”, que aperture sus puertas a la participación ciudadana.

Nacimos y crecimos en un país con ideas y conceptos distorsionados sobre la democracia. Y ahora, asumiendo más que antes que el futuro del país está en juego, muchos desconocen el verdadero espíritu y sentido de la vida en democracia; sustancialmente más, después de los largos 10 años propuestos desde el correísmo. Pero, ¿qué trato debemos demandar al nuevo gobernante? Pues, que establezca las condiciones morales y políticas para ejercer ciudadanía en democracia; esto es, un gobierno que sepa reconstruir aquella modernidad política inacabada y que no logra adaptarse a las transformaciones tecnológicas y culturales de la sociedad ecuatoriana actual. Y es que en definitiva, ¿de qué sirve demandar más y mejores gobernantes si no creamos ni proponemos más espacios más inclusivos y deliberativos para nosotros mismos?

Pensemos. Un gran porcentaje de la forma en la que se hace política en este país, depende de nosotros, los ciudadanos. En esa línea, Hannah Arendt, la extraordinaria política alemana, razonaba frecuentemente en su obra acerca de la importancia de los individuos en el cambio social; y, con ello, el poder de los ciudadanos de manejar los hilos del poder político. Argumentaba que “la auténtica acción política aparece como un acto de un grupo. Y uno se une o no al grupo. Y cualquier cosa que se haga por cuenta propia indica que no se es un agente: se es un anarquista”, esto es, una crítica a quienes permanecen impávidos e inmóviles frente a lo que sucede en el escenario político nacional y demandan, sentados, más democracia, sin promover una verdadera participación intersubjetiva, pues, “quienquiera que, por las razones que sean, se aísla y no participa en este estar unidos, sufre la pérdida de poder y queda impotente, por muy grande que sea su fuerza y muy válidas sus razones”.

El gobierno que merecemos es aquel que logre comprender a plenitud que no necesitamos más un líder bajo las construcción política e ideológica del siglo pasado, sino, uno que logre generar una cultura política diferente desde la visión cosmopolita del siglo XXI. Nuestros próximos gobernantes deberán proponernos una cultura menos Estado-céntrica, que establezca una real y verdadera descentralización de la esfera pública. Requerimos un Gobierno con memoria histórica, que rechace firmemente al pasado y le otorgue mayor autoridad al presente. En definitiva, merecemos un Gobierno liderado por quien sepa escuchar a la calle.

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Italo Sotomayor

Italo Sotomayor es estudiante de Derecho de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES). Columnista de Irreverencia Política y Realidad Ecuador. Director de la revista Con Derecho. Tw: @ItaloSotomayor

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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