CERRAR X

CONTÁCTENOS

Gracias! Nos pondremos en contacto.

Oops! Tente novamente

¿Por qué paramos las mujeres el 8M?

Este 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Mujeres y no será un 8M más, ya que las organizaciones feministas de América Latina y el Caribe y de diversas latitudes -en más de 50 países- se han organizado para realizar un Paro Internacional de Mujeres (PIM). Este paro de la diversidad de mujeres se organizó, a través de distintas asambleas en cada una de las ciudades y territorios, en modo de erigirse como un espacio de encuentro y de discusión para defender los derechos de las mujeres.

En 2017 ya se había promovido un paro generalizado a nivel internacional para generar la consciencia y visibilización mundial de las múltiples desigualdades que sufren las mujeres. De manera que, por segundo año consecutivo, las mujeres, lesbianas, travestis y trans no sólo se movilizan a nivel global, sino que además paramos de todas nuestras actividades para dar cuenta del poder que tenemos en la economía global. Esto es, queremos visibilizar el trabajo que realizamos: el remunerado en el mercado laboral y del no remunerado en el hogar -las tareas domésticas, de cuidado y de reproducción social. Justamente este último trabajo no se paga y no se valora socialmente, por lo que uno de los lemas del 8M es “eso que llaman amor es trabajo no pago”.

Esta acción internacional simultánea también tiene el objetivo de visibilizar las deudas pendientes de la democracia con las mujeres. A nivel internacional, coincide con el auge del movimiento #MeToo (#YoTambién, en español), donde las mujeres denunciamos las situaciones de acoso y violencia sexual que sufrimos en nuestra vida cotidiana -la mayoría de las veces, en silencio- tanto en la casa como en los ámbitos en los que transitamos, como la escuela, el trabajo y en los espacios públicos.

A su vez, en el marco del 8M, los reclamos también están estrechamente vinculados con el 7 de marzo, día de la visibilidad lésbica contra las violencias que sufren las mujeres que viven en libertad su orientación sexual.

En este último mes, las reivindicaciones feministas han saltado a los medios de comunicación y estallaron las redes sociales con consignadas cómo #NosotrasParamos #8M #ParoInternacionalDeMujeres, sumado al reclamo del #AbortoLegalYa. De forma que la Campaña por el Derecho al Aborto, Seguro y Gratuito -con sus consignas de educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir-, y la identificación del pañuelo verde como su símbolo, ocuparon horas y notas en la agenda de los medios. El movimiento de la Campaña tuvo su punto álgido en el pañuelazo frente al Congreso, el 19 de febrero. La trayectoria del trabajo de la Campaña permitió que el pasado 6 de marzo el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo de la Campaña accediera al recinto -por séptima vez- con 71 diputadas y diputados firmantes; acompañado de una gran movilización tanto en las calles frente a la Cámara, donde los pañuelos verdes se habían agotado una vez más, como en la sala -que quedó pequeña- en el segundo piso del Anexo del Congreso.

Más allá de esta masiva presencia en la agenda pública de los últimos meses, el movimiento de mujeres en Argentina tiene una larga trayectoria. Ejemplo de ello son los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM), que se repiten anualmente, que se iniciaron en 1986 para abordar y discutir sobre las problemáticas centrales del género. Desde 2003, estos encuentros se llenaron de organizaciones sociales y activistas, y es así que se fue gestando la Campaña por el Derecho al Aborto, Seguro y Gratuito. Con el paso del tiempo llegaron las movilizaciones de “Ni Una Menos” (2015), a causa de la alarmante situación de los feminicidios, y este fenómeno ser replicaría en muchos países dentro y fuera de América Latina y el Caribe. En 2016, el #NiUnaMenos argentino se agregó al #VivamosNosQueremos mexicano, superando todas las expectativas de participación. Al año siguiente, bajo la consigna "Basta de femicidios, el gobierno es responsable”, el reclamo fue masivo. También es de remarcar, en este breve repaso, que en los últimos tres años ha crecido exponencialmente el número de mujeres que participan de los ENM, alcanzando las 70.000 participantes en el de Chaco, en octubre de 2017.

En Argentina los principales reclamos del 8M giran alrededor del aborto legal, la visibilización de las mujeres lesbianas, trans y travestis, el acoso y violencia sexual y las brechas salariales. Según datos del Ministerio de Trabajo de 2016, provistos por la Encuesta Permanente de Hogares, se observa una brecha entre varones y mujeres del 29%. Es decir, en promedio, cuando una mujer cobra 100 pesos, un varón cobra 129. Sin embargo, el reclamo por los femicidios y la violencia machista sigue siendo central, dado que, como surge del Registro Nacional de Femicidios de 2016, el total de víctimas asciende a 254 mujeres.

Junto a lo anterior, el subempleo y desempleo, la inestabilidad, la informalidad, la temporalidad y la mayor intermitencia ocupacional, el trabajo doméstico no remunerado, los despidos, las jubilaciones mínimas, la inserción laboral juvenil y la pobreza también forman parte de la agenda pendiente; y toda esta precarización afecta en mayor medida a las mujeres que a los varones. Es más, nos topamos con el “techo de cristal” para ocupar determinados cargos jerárquicos -a pesar de tener mayor número de egresadas universitarias-, nos encontramos con las “paredes de cristal” por la imposibilidad de formar parte de actividades tradicionalmente más “masculizadas” -como la informática, la tecnología en general y la ciencia-, y por ello mayor valoradas y remuneradas, y también padecemos del “piso pegajoso”, quedando las trabajadoras atrapadas en puestos asignados históricamente a las mujeres por su rol de cuidado -como la docencia, el servicio doméstico y las actividades vinculadas a la salud, por mencionar sólo algunas.

También el movimiento de mujeres reclama por las mujeres niñas, jóvenes y adultas desaparecidas, así como también por las presas políticas y las mujeres lesbianas, trans y travestis asesinadas. Según datos de 2014 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las mujeres trans tienen un promedio de vida en América que oscila entre los 30 y los 35 años. A su vez, se mantiene la escasa participación de las mujeres en las estructuras tradicionales de la política, del sindicalismo y en el Estado. También señalamos las violencias en los medios de comunicación, construyendo una imagen sesgada e irreal de los cuerpos de las mujeres. Y no podemos dejar de nombrar la defensa de nuestras lenguas y de las comunidades originarias, entre otras luchas.

Contemporáneamente, en distintos ámbitos, y especialmente en las redes sociales, las preguntas sobre el rol que tienen que desarrollar los hombres el 8M son recurrentes: ¿Los hombres deben sumarse al paro del 8M? ¿Ellos deben participar de la marcha? En este sentido surgieron voces de los varones reclamando por su exclusión, entendiendo que la construcción de la igualdad efectiva entre mujeres y varones también necesita de su accionar para reducir las brechas de género. Es por este motivo que el rol de los hombres este 8M no deja de ser importante, ya que ellos deberían acompañar trabajando, ocupándose de las tareas del hogar, encargándose de los hijos para que las mujeres puedan parar de todas sus tareas de trabajo productivo, reproductivo, de cuidado, de consumo y de estudio, entre otras. Es decir, el protagonismo tiene que ser de las mujeres, y de esta forma, visibilizar el valor social del trabajo de las mujeres resumido en el lema del 8M: “Si nosotras paramos, el mundo para”. En este sentido, los varones deberían conquistar el ámbito doméstico, así como las mujeres han accedido al mercado de trabajo. Según datos del INDEC de la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo, las mujeres destinan el doble de tiempo a realizar las tareas domésticas y de cuidado que los hombres (6,4 frente a 3,4 horas diarias).

Por todos estos motivos hoy, 8 de Marzo, en las distintas ciudades argentinas, el color violeta se mezclará con el verde símbolo de la Campaña. De esta manera la sororidad entre la diversidad de mujeres es nuestro mejor pacto político para parar y reivindicar nuestra alianza contra las violencias machistas que atraviesan nuestras vidas cotidianas.

VOLVER A LISTADO
Más opiniones de

Cora Ruiz Tena

Politóloga por la Universidad Pompeu Fabra, Máster en Juventudes y Sociedad por la Universidad de Girona. Cursada Maestría en Administración Pública de la UBA (en proceso de elaboración de tesis). Feminista y activista política. Actualmente colabora en Asuntos del Sur en su proyecto "SISA". Tw: @CoraRuiz

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

Más opiniones deste autor