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Pobre Internet: tan lejos de las personas y tan cerca de su privatización

Si bien la tecnología del internet tiene un pasado oscuro basado en el interés militar, sus creadores se encargaron de infiltrar en su código una filosofía de apertura, auto-regulación y colaboración. Se suponía que el internet iba a crecer como un bien común para la humanidad dado que permitiría compartir conocimiento y generar comunicación distribuida. No obstante, ha pasado todo lo contrario y tanto su infraestructura física como su capa de contenidos, se han centralizado en torno a pocos actores. Esta situación ha puesto en riesgo su seguridad, como bien evidenció el reciente ataque masivo DDoS del 21 de octubre, pero también está implicando la construcción de un monopolio de información en tanto quienes deciden qué vemos son los mismos que deciden cómo lo hacemos.

Los días 21 y 22 de octubre marcaron un hito en lo que respecta a nuestra propia concepción del internet y en cómo se plantea su evolución hacia futuro.

Primero, se confabuló el mayor ataque de denegación de servicio (DDoS) de la historia del internet. La  principal víctima  fue la empresa estadounidense DynDNS la cual se encarga de operar y brindar soporte de infraestructura a varias de las principales empresas de internet: Twitter, Netflix, Airbnb, Amazon, PayPal, entre muchísimas otras. Un día después, una de las principales proveedoras de servicios de telecomunicaciones, AT&T, compró una de las mayores empresas productoras de contenidos de cable del mundo, TimeWarner, la cual es dueña de HBO, CNN, WarnerBros, Univisión, y otras. Ambos eventos, vistos de manera conjunta, implican algo que ya temíamos hace tiempo: internet dejó de ser esa red distribuida, abierta y neutral que conocíamos para convertirse en un esquema centralizado, dirigido y controlado por intereses económicos (y por qué no políticos).

Lo que nos sugiere el ataque DDoS del 21 de octubre es que lastimosamente el internet nunca tuvo una infraestructura muy distribuida y a pesar de que cada vez los nodos inter-comunicados son más en número, especialmente luego del “Internet de las Cosas”, lo único que estamos distribuyendo es capacidad de control. Esto no sólo porque los contenidos que consumimos diariamente estén enraizados en pocas plataformas, como es el caso de Facebook o Google, pero por qué la infraestructura física en sí misma está más centralizada de lo que pensábamos. Una de las grandes fortalezas del internet era su gran cantidad de nodos que se van multiplicando conforme más personas y cosas se conectan, empero en realidad ha mostrado ser su mayor debilidad. La capacidad del ataque DDoS del pasado 21 de octubre, se fortaleció justamente debido al hackeo de más dispositivos conectados. Ahora bien, el problema no es que el direccionamiento de los ataques se masifique, sino que los puntos neurálgicos del internet son los que no están distribuidos. Esto es evidente en tanto que al atacar uno de éstos, casi la mitad del internet quedó inactiva. La privatización y el monopolio de la gestión de la estructura del internet, por ende, está terminando por ser su mayor riesgo.

Por otro lado, la compra de TimeWarner por parte de AT&T no es sólo el anuncio de muerte de la televisión por cable de tipo analógica a manos de una evolución hacia una industria digital de contenidos, sino probablemente un paso hacia una internet más jerárquica y cerrada.  En muchos países se ha defendido la importancia de la neutralidad de la red como un derecho social, en tanto todo contenido, no importa por quién haya sido creado, debería ser distribuido en igualdad de condiciones: “todos los bits son creados iguales”. No obstante, empresas como Facebook, Netflix, entre otras, han buscado adquirir privilegios por parte de empresas proveedoras de servicios de internet para que sus contenidos (o sus paquetes de información), tengan prioridad y puedan llegar a los usuarios finales de manera más rápida y/o bajo formatos de “zero-rating”, es decir, casi “gratuitamente”. La compra que AT&T hizo ha dado mucho que hablar sobre las posibles implicaciones para la neutralidad de la red suponiendo que una de las primeras estrategias de esa compañía será colocar prioritariamente los contenidos de TimeWarner en todos los formatos de servicio de telecomunicaciones posibles. Si bien esto afecta principalmente a los países en los que AT&T opera (Estados Unidos y México), esta acción tiene una significancia global dado que puede llegar convertirse en el modelo a perseguir por otras empresas: la fusión entre la producción de contenidos y la distribución de los mismos. Es decir, los que crean la información son los mismos que decidirán cómo accedemos a ella y cómo la vemos.

Ambos eventos, más allá de sus propias particularidades, son el reflejo de una internet tomada por poderes e intereses que no son los que en un principio se buscaba beneficiar. El usuario común que en algún momento pensamos podría llegar a empoderarse, pues iba a poder convertirse en el propio productor de la información que consume y en el gestor de una revolución para la democratización de la comunicación y el conocimiento, está quedando cada vez más al margen de la revolución digital y a la merced de intereses ajenos al suyo. 

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Cristian León

Lidera el nuevo proyecto de Asuntos del Sur, #InnovaPolíticaLatAm. Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Catolica Boliviana “San Pablo”. MSc en Estudios Críticos del Desarrollo del CIDES-UMSA. Investigador social en temáticas relacionadas a internet, política, tecnologia y sociedad.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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