CERRAR X

CONTÁCTENOS

Gracias! Nos pondremos en contacto.

Oops! Tente novamente

Pachamama, te pido perdón...

El pasado 16 de noviembre, el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, se disculpó con el pueblo de La Paz por el racionamiento de agua potable que, en pocos días, se volvió una verdadera emergencia, no sólo en esta ciudad, sino también en varios departamentos del país. En las últimas semanas, la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) ha empezado a reducir el suministro de recursos hídricos sin avisar ni planificar los eventuales cortes, dejando a seis departamentos, y en especial a 94 zonas de la ciudad de La Paz y 7 distritos de El Alto, sin un “derecho humano inalienable” (como declarado en la Nueva Constitución Política del Estado). El Alto, ciudad adyacente a La Paz y segunda más poblada del país, es una ciudad que ya posee su historial de lucha por los recursos naturales: en el 2003 el firme y valioso pueblo aymara no tuvo temor en luchar por otro recurso natural, en la famosa guerra del gas, en la cual se finalizó con la destitución de Sanchez de Lozada y se destacó como líder del pueblo, justamente, Evo Morales. A su vez, pareciera que en estos días los bolivianos están volviendo con la memoria al año 2000, cuando se luchó contra la privatización del agua en la ciudad de Cochabamba para garantizar a toda la nación un derecho fundamental.

Al parecer la crisis que se está enfrentando se debe a la falta de previsión de la empresa estatal, que no pronosticó los bajos niveles de almacenamiento en las represas de Incachaca y Hampaturi (departamento de La Paz) en los últimos meses, a pesar de las importantes señales de alerta lanzadas por el fenómeno del Niño y la fuerte sequía, que desde hace unos años han postergado y acortado la estación de las lluvias, reduciendo dramáticamente las precipitaciones en todo el país.

En cambio, EPSAS anunció de un día para el otro la reducción del suministro y, en la última semana, en algunas zonas se pasó de ocho a sólo tres horas de abastecimiento, una vez cada tres días, y no se están previendo soluciones y medidas a largo plazo para garantizar la continuidad del servicio. Además, a través de esta grave situación, se destapó una verdadera caja de Pandora para la empresa, y que salieron a la luz temas tales como su defectuosa gestión administrativa, denuncias de corrupción, pérdidas del 30% del líquido en redes del servicio, condiciones pésimas del alcantarillado, todo lo cual confluyó para provocar la destitución inmediata del gerente y del director ejecutivo de EPSAS por parte del Gobierno.

La empresa asegura que el agua es potable, mientras los ciudadanos denuncian que lo que sale del grifo presenta un color entre amarillo y marrón, por lo que las organizaciones vecinales recomiendan hervirlo y usar tabletas purificadoras, mientras que los supermercados se comprometen a no especular con el precio del agua embotellada. Por suerte no se han visto situaciones de pánico y seguramente ahora los bolivianos se dan cuentan de la importancia de  almacenar, ahorrar y administrar este recurso fundamental. Pero, al mismo tiempo, los ciudadanos están organizando manifestaciones y protestas en diferentes barrios, y hasta frente a la Embajada de China. Sí, porque en las redes sociales se difundió la noticia que existe una “empresa minera china trabajando en las faldas del Illimani, que estaría consumiendo el agua que debería llegar a la represa de Hampaturi, lo que fue desmentido por EPSAS[1] y por el mismo Morales. Aunque el hecho no se haya confirmado, el presidente en estos días está perdiendo credibilidad y los vecinos enfurecidos lo están tachando de “vendepatria”, al igual que a los gobiernos anteriores.

En estos momentos de confusión e inestabilidad, se hacen evidentes las faltas de respuestas aunque sea a corto plazo, y  el llamado del presidente a “estar preparados para lo peor”, no ayuda.

Entonces sólo queda preguntarse si esto se hubiera podido evitar, si se debe a la irresponsabilidad de EPSAS, o si es consecuencia de un cambio climático que (en gran medida) depende tanto de los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo. Si bien no es por desligar la responsabilidad de esta empresa en la gestión del agua, vale la pena recordar que sólo en el mes de noviembre de este año en La Paz llovieron nomás 2 días, con un total acumulado de 9.6 mm, mientras que diez años atrás, en el mismo mes, se registraron 87.4 mm.

Llegados a este punto, surge el interrogante sobre si ha llegado, en modo certero, el momento de hacer algo para nuestra Pachamama. La Madre Tierra, que justo gracias al proyecto presentado por Morales ante la Asamblea General de las Naciones Unidas ya tiene su día internacional y para cuyos derechos, es imprescindible -siempre según el presidente boliviano- constituir un tribunal internacional de justicia climática.

A este propósito, creo que es fundamental rediscutir constantemente los acuerdos internacionales, porque por el momento el cambio climático está afectando mayormente a los países en vía de desarrollo (irónico ¿no?) y la cobertura mediática dedicada al fenómeno y la propuesta consensuada de políticas inmediatas son realmente insuficientes. Hay que actuar ya, y no esperar a pedirle perdón a nuestra única Pachamama, cuando ya sea demasiado tarde.

--

[1] “Centenares de vecinos de la zona Sur de La Paz protestan por falta de agua ante embajada china”

VOLVER A LISTADO
Más opiniones de

Paola Toncich

Paola Toncich, italiana que vive en la Paz desde hace 6 años, ha trabajado en seguridad alimentaria y justicia penal juvenil en Bolivia. Licenciada en Desarrollo y Cooperación Internacional en la Universidad de Bolonia, tiene una Maestría en Relaciones Internacionales conseguida en ASERI (Alta Scuola di Economia e Relazioni Internazionali), en la Universidad Católica de Milán.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

Más opiniones deste autor