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La Paradoja del Petróleo: Cómo la Presidencia de Trump puede beneficiar a América Latina

¿Dejará de lado el ethos “Estados Unidos Primero” de Donald Trump al resto del continente americano? Existe una considerable inquietud sobre las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, en gran parte, por los planes del nuevo presidente de construir un muro a lo largo de la frontera con México. Sin embargo, hay una significativa posibilidad que las relaciones de hecho mejoren con varios Estados latinoamericanos, debido al fuerte énfasis de la presidencia de Trump en el sector energético. Paradójicamente, esto podría beneficiar algunos de los Estados más de izquierda de la región, como Bolivia y Ecuador, cuyas economías se sostienen fuertemente en el gas natural, el petróleo y otras fuentes de energía.

La administración Trump pareciera estar perfilándose como un gobierno “fuertemente petrolero”. El principal ejemplo de esto es la elección de Rex Tillerson, un ex ExxonMobil, como Secretario de Estado. Con fuertes lazos profesionales y personales entablados con Putin, Tillerson se encamina a ser la voz principal de Estados Unidos para la expansión del petróleo y el gas natural. Otros casos incluyen la elección de Rick Perry para la Secretaría de Energía, que fue –por un largo período- el gobernador de uno de los principales Estados petroleros, Texas. Proveniente de otro importante Estado petrolero, el candidato de Trump para la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), Scott Pruitt, fue el Procurador Federal de Oklahoma y es un fuerte crítico sobre la idea que el cambio climático es producido por el hombre. Más recientemente, Trump revirtió el bloqueo del ex presidente Obama sobre los proyectos de oleoductos   en Keystone y Dakota.

¿Cómo afectará esto a América Latina? La primer medida ejecutiva de Trump sobre la industria del gas de esquisto (shale gas) y su mirada general de los sector del petróleo y del gas natural podrían tener efectos favorables inesperados en América Latina, incluso en México, que suele aparecer como el único país de la región que importa para la mayoría de los estadounidenses. Estados Unidos, gracias a su “revolución del petróleo y gas de esquisto”[1], incrementó su producción de 4,5 millones de barriles diarios (b/d) a la asombrosa cifra de 14 millones de b/d, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés). El país ha retomado su posición entre los tres principales productores mundiales de petróleo en los últimos años, junto a Arabia saudita y Rusia. En el caso del gas natural, la producción local aumentó a 45 mil millones de pies cúbicos al día, y este hecho modificó el balance mundial de oferta y demanda de gas natural.

Si bien América Latina no posee los niveles de reserva y producción de Estados Unidos –y mucho menos de los Estados de Medio Oriente-, países como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México y Venezuela dependen del petróleo y del gas natural, sea como un recurso estratégico para sus industrias o como su principal fuente de ingresos nacionales. Venezuela depende fuertemente del petróleo, desde el momento que el 95% de sus exportaciones provienen del sector de los hidrocarburos, mientras que en Bolivia el gas natural representa el 50% de su comercio exterior.

Por el lado de la oferta, durante la presidencia de Obama los Estados Unidos aumentaron su producción en 4 millones de barriles diarios y se volvió menos dependiente de las importaciones de los países de la OPEP. A su vez, el considerable aumento en las reservas de gas natural (388 trillones de pies cúbicos de reservas probadas en 2014, según la EIA) permitieron que el país se volviese, por primera vez desde la presidencia de Nixon, en un exportador de hidrocarburos. Un producto, el Gas Natural Licuado (GNL), se exporta actualmente desde los Estados Unidos a los mercados internacionales, especialmente a Argentina, Brasil y Chile. Al menos cinco instalaciones para exportar GNL serán construidas hacia 2019, con una capacidad total de 70 millones de toneladas al año, aunándose a la planta de exportación de LNG existente “Sabine Pass”.

Por las características de la nueva administración, el gas natural es actualmente el recurso que puede tener el mayor impacto en América Latina. Dada la reciente expansión del Canal de Panamá, que permite transitar a los buques de GNL del Atlántico al Pacífico, los Estados Unidos aumentarán su ventaja comparativa de exportar gas natural a Sudamérica. Más recientemente, diversos gasoductos han sido construidos desde Texas a México, tomando ventaja de la proximidad de éste país del yacimiento Eagle Ford, en el sur de Texas. México es, hoy en día, el octavo principal consumidor de gas natural al mundo, y está transitando con éxito la transición de una economía basada en commodities a una más diversificada, basada en la industria, al estilo OCDE.

El desarrollo de la industria de esquisto (shale), apoyada por el nuevo gobierno estadounidense, es positivo para México en términos de seguridad energética. A su vez, países dependientes de las importaciones de energía, como los centroamericanos, así como Chile o Uruguay, se beneficiarán del abordaje de la actual administración ya que obtendrán fuentes de GNL más abundantes y competitivas que en el pasado. Panamá será un caso para observar con atención, por su posición estratégica con el Canal, si es que se decide a embarcare en la construcción de la planta de regasificación de GNL.

Otra variable importante en esta ecuación energética es Rusia. Es posible que emerja una alianza estratégica a partir de una relación positiva con Rusia, que Trump pregonó durante su campaña. En los últimos años, Rex Tillerson, el Secretario de Estado designado, lideró las iniciativas de invertir en Rusia con la empresa más grande de gas natural, la rusa Gazprom. No es difícil prever que, dada la actual presencia de Gazprom en América Latina, se puedan dar algunas importantes inversiones conjuntas, especialmente en “Azero”, el gran yacimiento que la empresa rusa tiene en Bolivia con YPFB (la empresa petrolera estatal boliviana) y en Argentina a través de las inversiones estadounidenses  en el yacimiento de gas de esquisto “Vaca Muerta”, donde Chevron y Dow ya se encuentran presentes.

Brasil, que depende fuertemente del gas natural que llega desde el gasoducto que lo une con Bolivia para abastecer la estratégica región industrial de San Pablo, está atravesando una reorganización radical de su empresa petrolera nacional, el gigante Petrobras, por el escándalo de corrupción “Lava Jato”. Petrobrás se beneficiará por uno de los principales logros de la administración de Lula: el descubrimiento y desarrollo de los gigantescos yacimientos offshore en la llamada capa pre-sal. Considerando la débil posición política en la que se encontraban los  ex-presidentes Lula y Dlma Rousseff, los inversores estadounidenses eran reacios a invertir allí. El nuevo abordaje pro-negocio de Trump, y la presencia de Gazprom en la región, pueden dinamizar nuevas inversiones en la economía más grande de América Latina.

México, que puede estar en una situación política incómoda con la administración Trump por el tema de migraciones, se beneficiará por su proximidad a Texas, la capital mundial del petróleo y el gas natural. También puede hacerlo por posibles inversiones estadounidenses en las rondas (licitaciones) para los yacimientos onshore y offhsore, dadas las reformas del sector energético impulsadas por el presidente Peña Nieto. En este mismos sentido, en Colombia y Ecuador, que son esencialmente países productores de petróleo, pueden ver llegar más inversiones, luego de dos lúgubres años de declive, producto de los bajos precios del petróleo.

El gran interrogante será Venezuela, el gigante petrolero que está atravesando la mayor crisis política y económica de su historia. Vale la pena recordar que, a pesar de la retórica chavista de los últimos años, el petróleo venezolano de la Faja del Orinoco ha sido exportado a los Estados Unidos a un ritmo sostenido, incluso durante las administraciones de George W. Bush y Obama. 

En fin de cuentas, puede ser que, mientras la nueva administración Trump implemente algunas políticas proteccionistas, la industria del petróleo y del gas natural pueda mantener un estatus excepcional. Las políticas draconianas con la inmigración y las fuertes proclamas por “Estados Unidos Primero” pueden prevalecer en el terreno de las relaciones de este país con América Latina. Sin embargo, dada la considerable presencia de los intereses energéticos en la nueva administración, junto a los cercanos lazos con el régimen pro-energía de Putin, algunos países latinoamericanos pueden obtener ventajas en términos de inversiones en el sector. Esto puede incluir a México, grandes Estados como Brasil y Argentina, y, lo más paradójico de todo, la Bolivia de Evo Morales y el Ecuador de Rafael Correa, reconocidos por su retórica anti-estadounidense. Si esto pasara, Estados Unidos finalmente aumentaría su presencia en un área que fue ampliamente descuidada por la presidencia de Obama a favor de las inversiones regionales, europeas y chinas.  

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[1] El petróleo de esquisto es un hidrocarburo no convencional obtenido por la combinación de la perforación horizontal y técnicas de explosión controladas. 

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Diego Von Vacano | Christian Inchauste

Diego von Vacano es Catedrático en Ciencias Políticas en la Universidad de Texas A&M. | Christian Inchauste es consultor sobre energía y proyectos financieros especializado en América Latina.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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