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La delincuencia en América Latina

La tierra fértil para que germine masivamente este fenómeno social es la ausencia de democracia, en la medida en que la institucionalidad es sólida, la delincuencia deja de ser uno de los principales problemas nacionales.

La delincuencia no es la causa, sin embargo, la lógica de atacar el efecto es por falta de voluntad política de disminuir los índices delictivos, porque constituye negocio, la violencia se ha erigido en industria y es rentable, es saludable para la economía de los que se lucran de ella.

Los grupos económicos y elites políticas que se enriquecen con la existencia de la delincuencia, presentarán dos enfoques:

  1. El visible

Están en contra de la delincuencia por la gran cantidad de muertos, extorciones, desapariciones, etc., asimismo están también en contra de la emigración de las víctimas hacia otros países en busca de seguridad y fuentes de trabajo; situaciones que les servirán para justificar medidas represivas y coercitivas dentro de un ordenamiento jurídico que diseñaran justo a la medida del “problema”. Se presentarán las medidas como un show de entretenimiento mediático que generará falsas expectativas y explotará el morbo público.

  1. El invisible

Están a favor de la inseguridad ciudadana, porque les genera la venta de servicios y mercancías de seguridad en la mayor parte del proceso productivo en las esferas públicas y privadas, que va desde la siembra, cultivo, cosecha, recolección y distribución de productos y bienes, así como en los inmuebles donde se procesan, distribuyen o venden. La emigración hacia Estados Unidos o países de Europa genera el ingreso de divisas en los países expulsores de capital humano que se destinará al consumo de los servicios y mercaderías de seguridad que ofrecen las grandes empresas criollas y transnacionales, así como el sistema financiero internacional. Nos referimos a miles de millones de dólares estadounidenses.

No obstante, existe un tercer:

  1. Resolver el problema

Si la delincuencia es estructural, se atacarán las causas que le dieron origen; por ejemplo, a través de una reforma tributaria y educativa, de la depuración de la policía, fuerzas armadas, fiscalía, sistema penitenciario y poder judicial, de la modernización de la ley de partidos políticos, códigos de trabajo, electoral y agrario, del financiar el sistema educativo nacional con el ocho por ciento del Producto Interno Bruto, del aumento del salario mínimo de acuerdo con el costo de la canasta básica, de la descentralización del Estado y desarrollo local, de la participación de la población en asuntos del Estado de forma directa a través de asambleas comunales, cabildos abiertos, referéndums, plebiscitos, iniciativas de ley ciudadana, y revocatorias del mandato de funcionarios públicos elegidos por sufragio universal, etc., el poder es del soberano.

En algunos países de América Latina, la delincuencia ha alcanzado niveles e índices elevados, a tal grado que el crimen organizado ha permeado las instituciones del Estado, y ha logrado cierto control territorial, social, cultural, económico y hasta político.

En las ciencias sociales el lumpen era considerado como la descomposición de una clase y en particular se refería al proletariado, y constituían un pequeño grupo marginal, sin embargo, en el siglo XXI en ciertos países de América Latina los lumpen: proletarios, clases medias, burguesía y oligarquía llegan incluso a constituir una tercera o dos terceras partes de la población total del país.

El crimen organizado tiene la capacidad de aplicar “impuestos” a nivel nacional a los empresarios, estudiantes, trabajadores y funcionarios. Además, ostentan el poder para determinar quién será el próximo presidente de la república, por dos vías, una mediante el financiamiento de campañas electorales, la otra, al ordenar a sus miembros y familias ir a emitir el sufragio por determinado partido político.

En este contexto, parte de la población los percibe a los principales dirigentes criminales como héroes populares y son hasta admirados, a tal grado que les componen canciones, escriben libros, producen películas y telenovelas, en donde dan a conocer las fechorías, con un enfoque de heroísmo y valentía.

El concepto Estado-nación adquiere una connotación distinta, se observa la coexistencia de dos Estados, el formal, y el informal constituido por la delincuencia.

En algunos países con gobiernos aparentemente democráticos, la población aprueba el crimen organizado como una forma popular de enfrentar a la institucionalidad estatal corrupta.

La existencia de poderes políticos de algunos países de América Latina que cogobiernan con el crimen organizado, es una situación que favorece a los países imperialistas, empresas transnacionales, organismos financieros internacionales, porque se les facilita saquear los recursos naturales y económicos de estos países en complacencia con los gobiernos de turno, mediante el soborno.

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Oscar Martínez Peñate

Lic. Relaciones Internacionales en Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA), Costa Rica. M.A. en Ciencia Política en Université du Québec à Montréal (UQAM), Canadá. Doctorando en Ciencias Sociales Universidad de El Salvador, El Salvador

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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