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¿Juegan con Dios al ajedrez? Dinámicas emergentes en Colombia

Los fenómenos son manifestaciones de situaciones que se salen de lo cotidiano y buscan generar cambios para organizar nuevas representaciones y legitimarse, lo que Canclini define como representación o elaboración simbólica de las estructuras materiales para comprender, reproducir o trasformar (García Canclini 1981:32). Hace algunos días leí un trino de una persona que ponía la frase célebre de Einstein "Dios no juega a los dados"; me aventuré a hacer una claridad y en respuesta al trino manifesté que era errónea y que además había sido sacada del contexto. No hubo respuesta, pero si una gran lección de humildad y sabiduría: hay temas que se llevan en silencio y uno escoge con quién y en qué condiciones plantea el debate. Claramente son contenidos muy sensibles en los que debe imperar, ante todo, la prudencia y la cautela a la hora de escoger las palabras adecuadas y más para quienes profesan el ateísmo y el libre pensamiento. El tema de Dios, de sus aliados en la tierra, de las religiones y de las sectas, es demasiado complejo y en ocasiones se presta para agresiones y discriminación.    

Quise borrarlo (de hecho creo que lo hice) pero la reflexión de ese momento me llevó a cuestionar una realidad, que se ha convertido en el día a día de las cárceles y de sectores políticos y sociales: los iluminados que, de un momento a otro, se erigen como grandes pastores de la fe y guían a un rebaño con la fuerza abrumadora del castigo y de la discriminación. Frente a este tema, hay un debate que debe empezar a darse por lo complejo de la situación y por lo que en el terreno de lo real implica pertenecer a un Estado Social de Derecho, que fue el marco jurídico político propuesto por la constitución del ‘91. Por eso desde nuestra Carta Magna, en el artículo 18 y el 19 se dan garantías a los cultos. La constitución del ‘86 traía un problema que corrigió la del ‘91: había libertad de cultos pero subordinados a la moral cristiana, pero dejó otro en relación con la laicidad, que corrigió la Corte Constitucional con la C- 350/94, en el que básicamente establece un Estado laico y pluralista. Ya no seríamos más consagrados al Sagrado Corazón de Jesús pese a que la mayoría así lo quisiera porque, en teoría, toda fe tiene la misma legitimidad en el Estado y éste es plural.  

Sin embargo, lo de Estado laico sigue siendo un poco utópico porque las mayorías siempre se identifican por aniquilar los derechos de las minorías, lo que de alguna manera va en contra del Estado Social de Derecho y de la laicidad. Aquí el tema adquiere significancia problemática, porque el argumento de Dios se está usando de manera general y vulnerador. Hace poco menos de una semana veía un vídeo por internet de la Iglesia Cristiana Evangélica Chilena donde llamaba a elecciones por sus candidatos y, en efecto, el discurso invitaba a un determinado prototipo de familia. Tenía una oratoria muy versátil y el pastor ponía punto por punto las razones por las cuales debían ganar esas elecciones: familia tradicional, Dios como eje central de la vida y de las decisiones, recuperar el Estado, los valores cristianos y la moral y por su puesto la ideología de género. Esto es totalmente respetable; de hecho, es la doctrina también de algunas sectas colombianas, pero se trata, ante todo, de derechos y de igualdad.

En Colombia nos han enseñado mal desde pequeños; nos enseñaron, por ejemplo, que lo negro es lo malo. Por esto asociamos a lo negro todo lo malo: la lista negra, el alma negra, que la ropa negra es mala o satánica. En consecuencia, todo lo que vaya con este color es muerte, desolación y maldad. Por eso muchos no pueden ver un afrocolombiano y lo mismo pasa con Dios o con lo que las grandes industrias de la fe imponen. No nos enseñaron lo esencial: el respeto por las diferencias, por el otro, por el humano, por eso nos matamos entre las diferentes formas de pensar, y si no, asesinamos, atacamos la honra, la dignidad y el nombre del otro, pero no pude salir ileso. Esto es poderosamente macabro.

Entonces nos encontramos de golpe con varias situaciones que son el objeto de este artículo. ¿Juegan con Dios al ajedrez?  Y lo vamos a aterrizar a tres situaciones cotidianas.

La primera de ellas es la situación carcelaria. De golpe, en varias de las cárceles se está presentando un fenómeno emergente, que tenía algunos precedentes, pero no en el universo de lo que implica en términos reales. Personas con altísimo nivel de criminalidad fueron “llamadas por Dios”, de un momento a otro o con una sentencia condenatoria encima, para dirigir a ese rebaño. Y esto no está mal, en virtud de que existe la posibilidad de que algunos seres humanos rectifiquen sus errores. De hecho, es también una función de las cárceles, pero preocupa el manejo interno que adquieren y el empoderamiento que les hace legitimar sus actuaciones. No se mueve un alfiler sin que ellos digan y, como la intención es cuestionar, ¿Cómo se garantiza que estos pastores no infundan en esta población un odio infundamentado? Existe información de algunas cárceles y se ha encontrado con esta realidad: hay una pasificación de los patios, pero esas personas siguen manteniendo el mismo control y soberanía sobre los demás reos. De hecho, algunos de ellos, están en la religión mientras están ahí, pero una vez salen, siguen con las mismas actuaciones delictivas, lo que supone que en efecto no existe tal trasformación sino conveniencia. Asimismo, mantienen el control de los demás patios con sus trebejos y estos a su vez cuidan a su rey. Miren las cárceles y verán esta situación y no con esto se esta deslegitimizando la función social de muchos pastores externos que van a las cárceles a hacer su función pastoral, de manera heroica. La cárcel tiene una función vital dentro del aparato delictivo: todo se sabe, todo se planifica desde allí y todo se controla. El que domina la cárcel sabe muy bien la fortaleza que tiene y como puede mover sus fichas de la mejor manera, dentro y fuera.

La segunda de ellas es la Ley de Jubileo con motivo de la visita del papa Francisco a Colombia, que busca conceder una sexta o quinta parte de la condena. Y el proyecto es tácito en aludir razones humanitarias pero advierte que procesados o condenados por delitos como feminicidio, homicidio, desaparición, secuestro, extorsión, en fin, los delitos derivados de este conflicto a gran escala, no serán objetos del proyecto de Ley, pero sí favorecería al peculado por apropiación, siempre y cuando excedan los 50 SMLMV (Salarios Mínimos Legales Mensuales Vigentes). Esto quiere decir que la corrupción,  el principal origen de la violencia, se vería ampliamente beneficiada con la Ley del Jubileo (y esto es grave, porque en un país donde la aplicación de la justicia tiene resultados tenues y actuaciones controversiales: se captura un fiscal anticorrupción por corrupto), y otros casos, como el soborno, concusión, prevaricato, cohecho; entre otros, reciben la gracia de Dios lo que deja un sinsabor muy amargo. Tampoco aplicaría el proyecto para Jurisdicciones Espaciales para la Paz porque es un tema de jurisprudencia transicional en el que el Estado busca acabar con un ciclo de violencia. Sin embargo, habrá que esperar a ver qué ocurre porque lo que sí es claro es que todos los reos esperan de este beneficio (sin distinción) y la experiencia nos ha enseñado que frente a la promulgación de las leyes o los decretos, algo se cuela para beneficio de algún grupo, principalmente, político o económico.

Y, la tercera de ellas, es la creciente homofobia que ha desatado la idea de Dios o la interpretación de sus aliados en la tierra, que atenta contra toda clase de libertad. Uno encuentra decretos como el de la alcaldesa de Yopal (entregó las llaves del municipio a Jesucristo); y también posturas radicales de partidos políticos o de sus asociados que promueven referendos homofóbicos; incluso la de un Procurador General de la Nación que olvidó su función de Defensor Público e intentó resucitar el modelo inquisidor y, con estas premisas discriminatorias, por ejemplo, arrasaron con el NO impidiéndole al país cerrar un ciclo de violencia. Es que es sumamente complejo el querer actuar por encima de la Constitución o de cambiarla, derribando las libertades de los demás. Y en eso se han vuelto expertas las mayorías, no hay para ellos un término medio ni una conciliación posible.

De modo que el Estado tiene que tener en la cuenta estas tres realidades, dos complejas y una contradictoria o acomodada. La primera y la última son una fortaleza y son mayoría y pueden desequilibrar la balanza muy fácil. Pueden llegar a montar un presidente, cambiar la Constitución e imponer su ideología, con el pretexto de que están obrando por Dios y para él. Los otros pueden fortalecer las estructuras criminales y mantenerlas intactas y bajo esta mirada aniquilar por completo las demás libertades y sumir al país en un profundo atraso, donde impere la falta de respeto por el otro y sus derechos como persona, ciudadano y cohabitante de este planeta. Lo más sensato es respetar las leyes y la Constitución tal y como se ha venido estructurando. Decía Jean Paul Sastre, un existencialista y marxista humanístico: mi libertad se termina donde empieza la de los demás o donde empieza la tuya, para ser más exactos.

Es posible que haya grandes personas de la fe y que estén convencidos (admirable y totalmente respetable), así como también hay personas convencidas de su ateísmo. Hasta allí es un tema personal, con implicaciones colectivas permitidas por la Constitución para las dos partes, lo cual les permite profesar su pensamiento y difundirlo, sin imponerlo. En Colombia, por ejemplo estamos a muchos años de tener un presidente ateo; tal vez en muchos años se podrá pero por ahora es casi imposible porque la tradición católica y protestaste, que son la inmensa mayoría, no lo van a permitir.  

El tema es que si están jugando con Dios al ajedrez, lo están haciendo bien porque es un tema relacionado con la fe donde nadie cuestiona, la fe todo lo puede y todo lo soporta o como dice la primera carta del Corintios, sobre la preeminencia del amor: todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta y quien cuestiona la fe, cuestiona a Dios y quien cuestiona a Dios es sujeto de desprestigio, agresión, muerte y censura. Cualquier peón de ese ajedrez puede matar a quién intente atacar a su rey, protegido por caballos, alfiles, torres y una dama.

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Más opiniones de

Lerber Lisandro Dimas Vásquez

Antropólogo, investigador del grupo de investigación Oraloteca de la Universidad del Magdalena. Con conocimiento sobre dinámicas, sociales, económicas, políticas y violentas en la Sierra Nevada de Santa Marta. Con amplio recorrido en temas de Justicia Trasicional, construcción de paz, crimen organizado y violencia urbana. Con conocimientos y trabajos en comunidades étnicas y campesinas. Defensor de Derechos Humanos y del medio ambiente | Twitter @lerberlisandro

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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