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Izquierda, Derecha y Política

Hablar de política en Bolivia presenta muchos problemas que nos vienen persiguiendo desde hace más de 50 años, esto posiblemente se deba a que es casi una tradición asegurar que todo lo que acontece en nuestro país es política o que todo es político, haciendo de esta manera que el acontecer público pase de ser un tema que debe ser abordado con la mayor seriedad a una simple actividad tan común como comprar pan o cambiarnos los calcetines.

Si bien esta situación se debe a una combinación de elementos sociales, tradicionales, culturales y folclóricos, me atrevo a asegurar que los principales culpables de esto son los extremismos, es decir, las posiciones polarizadas simplificadas que suelen mostrarnos la realidad como una división entre buenos y malos.

Para tratar un tema tan confuso y enmarañado en apariencias vistosas que suelen llamar la atención de todos es necesario separar a los elementos que componen la idea típica de política que tenemos como bolivianos, es por ello que identifico a los dos bandos que rondan nuestras mentes desde el momento en que intentamos comprender el acontecer de la vida pública.

Por un lado la Izquierda, discurso propio de inicios del siglo XIX, parcialidad que se declara enemistada de manera irreconciliable del otro extremo, es decir, la Derecha, ambos representan las dos caras de la misma moneda de incomprensión y es ahí donde comienza nuestra dificultad el momento de separar los fenómenos son políticos de los que no lo son.

En un intento de comprender la historia de ambos extremismos, se trata básicamente de dos organizaciones corporativas que en el afán de proteger sus intereses corporativos se acusan una a la otra constantemente de los problemas de moda en cada época en respectivo momento.

Sin embargo en una visión que a mi parecer resulta absurda en la actualidad la izquierda ha conseguido acomodarse en el éter colectivo como aquellos defensores de los derechos humanos y por lo tanto han convertido a la derecha en los agresores de los mismos, siendo que históricamente los derechos humanos son una creación del pensamiento liberal que a su vez se encuentra relacionado con el aparentemente retrograda pensamiento derechista.

Ambas posturas cuentan con sus aspectos positivos y negativos como todo en este mundo, el problema es que de la constante pelea que libran estas ideologías surge la visión errónea de que todos en este mundo es político o que todos los seres humanos somos políticos.

La política se ve extraviada entre esta aparentemente bifurcada realidad, lo que hace lógico el hecho de que sea mal vista ya que ambos contendientes se valen de ella para satisfacer sus pedestres apetitos, quedando en el papel de una persona que va de un lado a otro sin guardar lealtad hacia ningún lado.

Una de las modas que más ha pegado en Bolivia en la última década es que los actores políticos se declaran como no políticos al mismo tiempo que repudian la conducta política de sus adversarios, lo cual a mi parecer es un sinsentido total ya que aquellos que viven en la arena política califican de malvada a la política, un conducta totalmente irracional que tiene que ver con lo anteriormente señalado, valga la aclaración, el utilitarismo despiadado de la política.

Joan Prats Catalá señala que es necesario salir en defensa de la política, separarla de las infames luchas por el poder y darle su lugar de honor como aquel espacio en el que los ciudadanos pueden sentarse a debatir sobre sus diferentes ideas de cómo mejorar su calidad de vida.

Es necesario salvar a la política de las parcialidades entre izquierda y derecha, para que de esta manera podamos darle su debido lugar en nuestras vidas y así poder comprender que a diferencia de lo que nos han enseñado toda nuestra vida, la política no es todo y no todo es política.

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Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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