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Inestabilidades y reorganización política en el Brasil después del impeachment

Un impeachment presidencialista no es lo mismo que un “voto de censura” parlamentarista. Un impeachment fortalece la democracia exclusivamente cuando se justifica en un crimen cometido por la Presidencia. Comprobada tal responsabilidad por medio de un proceso constitucional, la institucionalidad demuestra fuerza cuando el poder Legislativo puede ejercer control sobre el Ejecutivo. Y es entonces una señal clara de que la impunidad no reina.

Sin embargo, si es utilizado de manera simple y distorsionada, como si fuera un legítimo mecanismo de censura, “justificado” en encuestas de opinión y sin un fundamento jurídico sólido, puede generar profundos y amplios peligros.

En Brasil, en una mirada estrecha, de corto plazo, la actual oposición partidaria al PT (varios grupos que hoy son tildados de “enemigos” y “traidores”, que hasta el otro día eran parte esencial de las alianzas que el Partido de los Trabajadores tanto se había esforzado en conquistar, principalmente de las derechas tradicionales del país…) abrió una caja de pandora. Ningún Ejecutivo podrá tener seguridad duradera en el corriente sistema “presidencialista de coalición” brasileño. El escenario es de incertidumbres y de desconfianzas mutuas en la guerra entre instituciones nacionales que se desató con la fábula del impeachment.

En 1997, en Ecuador, el presidente Abdalá Bucaram, fue destituido por el congreso bajo la acusación de estar “mentalmente incapacitado”. Había protestas masivas en contra de su gobierno. Los años que se siguieron, ningún presidente que asumió el ejecutivo pudo concluir sus gobiernos: Jamil Mahuad cayó por un golpe civil-militar y Lucio Gutiérrez – quien habría sido líder del golpe – fue destituido por el Congreso en 2005. Apenas la llegada de Rafael Correa estabilizó el juego de tronos que derribaba sin piedad la credibilidad de un país.

Es decir, cuando, en el presidencialismo, el proceso de impedir a un presidente gobernar es apenas un acto ideológico y simbólico, llevado a cabo por un congreso cuya mayoría es técnicamente ridícula y éticamente podrida (como el actual legislativo brasileño, lo que quedó claro en la votación de la Cámara de los Diputados, el 17 de abril) bajo la excusa de estar en consonancia con una opinión pública que le declara impopular – y que en Brasil está fatalmente bajo intensas formas de manipulación en razón de la falta de regulación de la concentración del poder mediático – entonces lo que se tiene es la apertura de un ciclo de inestabilidades.

El “gobierno del golpe” de Michel Temer no tendrá legitimidad electoral y la economía nacional seguirá en crisis. Los escándalos de corrupción seguirán surgiendo (excepto si, en una forma abiertamente descarada de actuación política perversa, la operación “Lava Jato” sea frenada). La opinión pública seguirá en disputa, y una parte se indignará con las formas aún más burdas y viles de gobernar que Temer inaugurará. Y, paradójicamente, el PT podrá asumir en definitiva una posición de “víctima”.

Tal vez esto pueda salvar el partido. Tal vez esto pueda ser una oportunidad para la agremiación, tal como lo es hoy, “desaparecer”, es decir, alterando sus posicionamientos de adopción de agendas neoliberales, cada vez más intensas,  tal como ha ocurrido por al menos los últimos 15 años y profundamente criticados por varias fuerzas de izquierda, no apenas partidarias. Quizá sea posible para la sigla recrearse en un debate abierto y franco con reales fuerzas de la izquierda brasileña que, también tal vez, estén dispuestos a dialogar con los sectores aún combativos – seguramente no los que ocupan los principales puestos de liderazgo – del Partido de los Trabajadores. Esta fuerza política que deliberadamente se “enmeló en el banquete del poder” por años, necesita ahora más que nunca, de su autodeclarado y alabado “pragmatismo” para realineamientos absolutamente necesarios.

El nuevo ciclo es de inestabilidades, de luchas y necesaria e inevitablemente, de críticas.

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Aleksander Aguilar

periodista, lingüista, y doctorando en Ciencias Políticas. Coordina la red-plataforma O ISTMO www.oistmo.com

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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