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ELECCIONES PRESIDENCIALES EN CHILE: MOVILIZÁNDOSE HACIA EL CAMBIO

Un poco de historia…

Los ecos políticos del año 2011 se siguen escuchando en la sociedad chilena. Seis años después de la movilización más grande desde las luchas sociales contra la dictadura de Augusto Pinochet, aún resuenan sus alcances. Aunque, tal movilización, fue protagonizada principalmente por estudiantes universitarios que, a través de manifestaciones públicas, protestas sociales, tomas de edificios educacionales y públicos, más un conjunto de performances altamente innovadoras y atractivas para la sociedad chilena, pedían “EDUCACIÓN PÚBLICA, GRATUITA Y DE CALIDAD”.

Este hito contó con gran simpatía y respaldo de la población en general, reafirmando públicamente dos orientaciones que marcarían la elección de noviembre del año en curso: a) una crítica a la mercantilización de la sociedad, ejemplificada en la educación, pero que rápidamente se expande a otros derechos sociales como la salud o el mundo del trabajo; b) un distanciamiento creciente de la población con la política tradicional, especialmente con las coaliciones herederas del binominal, la concertación (centro-izquierda) y la alianza (derecha).

A pesar de no lograr el objetivo de la educación pública gratuita, la irrupción ciudadana se masifica, contagiando en la población el sentimiento de “malestar” que demanda cambios profundos en la forma de hacer y entender la política en el país. Después de 2011, la ciudadanía -activada en demandas colectivas y causas públicas- no abandonó la calle ni dejó todo problema social en las manos de las instituciones. Al contrario, la protesta social alcanzó una nueva legitimidad pública y social, dando vida a otras movilizaciones.

El primer eco político de las movilizaciones estudiantiles se observó el 2013, con la elección de Michelle Bachelet para un segundo gobierno, con una agenda progresista basada en las demandas sociales emanadas de los procesos de movilización. El programa impulsado por la Nueva Mayoría (NM), la coalición derivada de la vieja Concertación, en sus sectores más progresistas, y el Partido Comunista (PC), fuera de la Concertación desde principios de los 90´, se sostuvo en tres ideas fuerza que implicaban el fin de la democracia del pacto cuyo horizonte fue la gobernabilidad y se abría a un escenario de reformas sociales cuyo horizonte es la democratización de la igualdad, siendo señalada por un parlamentario de la NM como “la aplanadora”(1) que cambiaría Chile. Estas ideas fueron: 1) la reforma tributaria, 2) la reforma en educación, y 3) la reforma en la Constitución.

Mediante una agenda de corte progresista, el gobierno vuelve ubicarse al centro, mirando hacia la izquierda, distanciándose del posicionamiento del gobierno anterior. Sin embargo, el transformismo de la Concertación en la Nueva Mayoría, la incorporación del PC, el programa progresista del segundo gobierno de Bachelet o el lenguaje de la aplanadora, no fueron suficientes para romper la inercia de la política de la gobernabilidad y los consensos. Las reformas se entramparon en disputas parlamentarias o sus resultados no fueron los esperados por la ciudadanía.

El NUEVO FRENTE

En el contexto anteriormente descrito empieza a gestarse una nueva alternativa política, que busca condensar las demandas sociales y el malestar ciudadano en pos de oxigenar al sistema político frente a la desafección política de la población y ofrecerle a los chilenos la posibilidad de representación a quienes no se sentían convocados por los partidos y conglomerados políticos de la gobernabilidad. Así, al alero de las movilizaciones sociales del ciclo 2011-2015, se gesta una nueva alternativa política de  anclaje ciudadano que viene a disputar los espacios tradicionales de la política, el Parlamento y el ejecutivo. En el año 2016 se dan los primeros acercamientos entre fuerzas sociopolíticas -principalmente derivadas del mundo estudiantil- y partidos, como Revolución Democrática y el Partido Humanista, con organizaciones sociales y ciudadanas, en la conformación del Frente Amplio (FA). A inicios del 2017 nace el FA como una coalición compuesta por 13 fuerzas políticas que se corresponden con una pluralidad de posicionamientos políticos, no todos ellos autodenominados de izquierda. Es por ello la etiqueta de ciudadana que ha asumido la coalición.

La emergencia del FA como nuevo actor en el escenario político-electoral y su presencia en las primarias legales, efectuadas durante el mes de julio, más la existencia de un mecanismo proporcional para la selección de representantes -que reemplaza al sistema binominal que aseguraba los consensos y la gobernabilidad perpetuando a cierta elite en sus cargos-, y la presencia por primera vez de la votación de la ciudadanía chilena residente en el extranjero, generaban un clima de incertidumbre que permitía la formulación de interrogantes y expectativas respecto al futuro político del país.

Rápidamente, por la alta tasa de abstención electoral y el intervencionismo de la industria de los medios de opinión, la niebla de la incertidumbre se fue disipando, dando paso a las raíces de la certezas, que trataban de anclarse en el lenguaje de la transición y de la gobernabilidad, que con la idea de “modernización capitalista”(2) intentaban recuperar el pacto entre crecimiento (mercantilización) y democracia (electoralismo).

Durante las primarias se dio una baja participación electoral, con poco más de 1.800.000 votantes. A su vez, los resultados obtenidos por el FA en estas primarias -327.613 votos- no eran nada alentadores, en comparación a los candidatos de la derecha -que, sumados sus tres candidatos, superaba el 1.400.000 votos. Esto se tradujo en un 81,2 % de los votos para Chile Vamos (coalición de derecha) y solo el 18,8% para el FA. Por último, aunque no por ello menos importante, la capacidad performativa de la industria de las encuestas de opinión en Chile daban la elección como resuelta, donde el candidato Sebastián Piñera tenía el paso a la segunda vuelta asegurada y lo que había que dilucidar era su triunfo en primera o segunda vuelta. De existir segunda vuelta, el rival a vencer sería el candidato de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, y el FA podría incluso quedar relegado al cuarto lugar de las preferencias, sin opción alguna de pasar a segunda vuelta.  La única alternativa del FA era consolidar su planilla parlamentaria, que en el mejor de los casos podría alcanzar 10 cupos.

De tal forma, en el transcurso de julio a la segunda semana de noviembre, al parecer, todo volvía a su orden normal. Las expectativas mediáticas y de la opinión pública no alentaban la pasión democrática.

LA GRAN SORPRESA

El despertar del pasado domingo ya fue diferente, el resultado del conteo de votos en Nueva Zelanda traía buenos augurios para el FA en Chile. Su candidata, Beatriz Sánchez, resultaba ganadora con el 37,23% de las preferencias, contra el 17,52% de Piñera o el 24,82% de la Nueva Mayoría. El triunfo de la candidata del FA en el extranjero se repitió en Alemania, España y Francia. La situación en el extranjero se repitió en algunas partes de Chile, siendo casos emblemáticos los resultados obtenidos por el FA en Valparaíso, con un 36,78% de las preferencias y sacando una ventaja de 10% sobre su más cercano seguidor. También en la popular comuna de Puente Alto, sacando sobre el 30% de las preferencias y derrotando a los candidatos de la NM y de CHV. La performance electoral de la candidata del FA, contrario a lo que señalaban las encuestas y los analistas, fue muy positiva. Beatriz Sánchez se alzó sobre los 1.330.000 votos, alcanzando el 20,26 % de las preferencias. Por su parte el candidato de la NM, Guillier, solo alcanzó un 22,68%, mientras que Piñera logró el 36,66% de las preferencias, muy lejano del 42 o 44% que le asignaban las encuestas dos semanas antes de la elección.

Sin embargo, la baja votación de Piñera no es el único error de las encuestas en lo que respecta a la derecha. El candidato Felipe Kast, que representa a la ultraderecha chilena, de raigambre conservadora y pinochetista, obtuvo casi un 8% de las preferencias, es decir, 521.716 votos, saltando del sexto lugar que le asignaban las encuestas al cuarto.

Por otro lado, la encuestología electoral chilena sufrió, junto con sus analistas, otro revés con el FA en lo que respecta a los representantes al Parlamento: la coalición emergente obtuvo un total de 20 diputados y un escaño senatorial en Valparaíso.

Lo que ocurrió en la jornada del domingo pasado permite aventurar la idea que Chile cambió ¿Por qué? Aunque el FA no logró pasar a segunda vuelta presidencial, edifica con sus resultados la imagen de un conglomerado ya maduro y consolidado. Su piso del 20,26% lo plantea como alternativa presidencial de cara al futuro y su presencia en el Parlamento lo sitúa como la tercera fuerza política en Chile. Las formas en que el FA condujo su campaña presidencial y parlamentaria, así como el ethos que lo define, parecen indicar que debería convertirse en ese “mosquito molesto” en la oreja de cualquiera de las coaliciones que logre ser Gobierno. Al menos así lo han expresado las máximas figuras parlamentarias, refrendadas en urna, del bloque: Giorgio Jackson y Gabriel Boric.

Aunque la derecha neoliberal logró imponerse como mayoría, no logra acercarse a la barrera del 40% que, de acuerdo a las renombradas encuestas, le otorgaban el piso adecuado para rendir con comodidad y seguridad la segunda vuelta. Magro resultado para el candidato que prometía encauzar a Chile en la vía del crecimiento perdido en el actual gobierno. Tal resultado ha sido identificado por diversos sectores como una evidente derrota y con la desventaja que su plan de segunda vuelta se ve truncado. La idea de virar hacia el centro y buscar los votos de la alicaída Democracia Cristiana se ven complicados por la votación nada despreciable de la ultra-derecha conservadora y pinochetista, condensada bajo la figura de Kast. Al parecer, Piñera deberá mirar hacia la derecha y hacer algún gesto para alcanzar la totalidad de votos de éste, en pos de enfrentar la segunda vuelta de manera más cómoda. Esto permite realizar un conjunto de preguntas: ¿marcará este giro una eventual caída del electorado de “centro” de Piñera”? ¿Será factible su derechización para superar el 50+1 % necesario para lograr ser presidente de Chile en un nuevo periodo?

No obstante, el escenario de la NM no es más alentador que el de la derecha. Guillier es el otro gran perdedor de la pasada jornada electoral. Sus votos sobrepasan a los resultados obtenidos por el FA por menos del 3% de diferencia a su favor, quedando con un margen muy reducido para entrar en las posibles, y necesarias, negociaciones en la que pueda incurrir con el resto de los candidatos para poder obtener la mayoría que le permita poder bloquear el retorno de la derecha al poder. De tal forma, la NM no lo tiene nada de fácil, debido a la ya comentada irrupción política del FA como fuerza electoral. En este escenario: ¿qué pasará con la continuidad del “legado de Bachelet”? ¿Cómo se resolverán estas disputas y conversaciones? Frente a la vorágine de sucesos ocurridos, el futuro de Chile pende del hilo de las negociaciones y conversaciones de pasillo. Hoy por hoy las dos coaliciones que pasan a segunda vuelta no pueden solas y deben entrar a negociar con elementos externos a ellas. Tal situación es novedosa para ambas fuerzas políticas, acostumbradas a la seguridad que entregaba el binominal y la estabilidad de la presencia de dos coaliciones.

Al parecer el Frente Amplio es la clave de la segunda vuelta presidencial. Sin embargo, tal posición pone en una situación incómoda al nuevo bloque. El FA, cuya gestación es en parte producto de procesos de movilización social y discusión colectiva, no puede entregar su apoyo a la desgastada Nueva Mayoría a cambio de cargos y posicionamientos. En simple, no puede ser parte de un posible nuevo gobierno de la NM. Pero la ambigüedad se posiciona en el actual escenario. Hoy, como fuerza electoral y política ya reconocida, el FA no puede desconocer ciertos logros del actual gobierno que marcaron una huella progresista en el moderado Chile de la transición, logros que deben preservarse para ser profundizados y que se ven amenazados por un gobierno de derecha encabezado por Piñera. Esa es la encrucijada del FA para la segunda vuelta.

Nuestra posición es que, sea cual sea la decisión que tome el FA, ella debe provenir del más amplio e inclusivo debate entre quienes forman parte de esta nuevo actor llamado Frente Amplio, ya sean militantes, activistas, simpatizantes o electores. La encrucijada no es de simple resolución, pero el futuro ya se ve en el horizonte. Independiente del resultado de segunda vuelta, el FA no será gobierno y su lugar es en la oposición, junto con las luchas populares y ciudadanas de ayer y las del porvenir.

Nota al pie:

(1) Término con el que Jaime Quintana (PPD) se refirió en 2014 frente a las críticas de la derecha sobre la suspensión de tramitación legislativa de proyectos de gestión “heredados” del gobierno de Piñera, los cuales -a su opinión- iban en derecha contraposición a lo que la movilización social pedía para el futuro de Chile, ni con la propuesta de Reforma Educacional que Bachelet buscaba implementar.

(2) Término con el que Carlos Peña se refiere al fenómeno de la consolidación de la nueva clase media chilena, aduladora del dinero y el consumo, sustentada en el valor de la meritocracia,  pero totalmente apática frente al desarrollo político institucional.

Fotografías: Nelson Arancibia Rubilar (Fotógrafo Independiente)

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Juan Pablo Paredes | Natalie Sofia Rojas

Juan Pablo Paredes: Es Doctor en Ciencias Sociales e investigador Post Doctoral en CEDER Universidad de Los Lagos (Chile). Sus áreas de investigación se concentran en : Movimientos Sociales, Prácticas de Ciudadanía y Sociología Política. | Natalie Sofia Rojas: Es Socióloga, con un Máster en Estudios Políticos y actualmente doctorante en Ciencias Políticas Universidad Complutense de Madrid (España). Sus intereses de investigación son: Movimientos Sociales, Acción Colectiva y Democracia Participativa.

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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