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Elecciones chilenas: ¿Qué hay detrás de sus inesperados resultados?

El escenario

El pasado 19 de noviembre se desarrollaron las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales en Chile. Sin lugar a duda, dichas elecciones eran las más esperadas por todos los analistas, por la incertidumbre de su resultado. Por otro lado, causaron vértigo a las autoridades políticas, puesto que debutarían una serie de reformas, aprobadas durante el segundo período presidencial de Michelle Bachelet (2014-2017).

Fueron enviados por la presidenta, al comienzo de su mandato, dos proyectos de ley emblemáticos, uno consistía en una importante reforma tributaria, para financiar la expansión del gasto social. El segundo, procuraba reformar el ampliamente criticado sistema electoral binominal, y avanzar hacia uno de carácter proporcional moderado, aumentando el número de parlamentarios de 120 diputados a 155 y de 38 senadores a 50. Se ampliaron las magnitudes distritales, a través de megadistritos (28) y mega circunscripciones (15) en los que se escogerían desde 3 a 8 bancas por cada uno, en el caso de los diputados, y desde 2 a 7 en el caso del Senado.

Asimismo, esta reforma incluía la tan esperada ley de cuotas, que obligó a cada uno de los partidos políticos que competirían a inscribir listas de candidaturas equilibradas, en las que ningún sexo podía superar el 60% del total de la lista nacional. Su incumplimiento, dejaría al partido sin la posibilidad de competir en la elección parlamentaria. A lo que hay que agregar, el voto de los chilenos y chilenas en el extranjero. Finalmente, en la reforma a la ley de partidos, se afirma que éstos, de no alcanzar un piso mínimo de 3% (1) de votación en la elección de diputados, en al menos 8 regiones del país o 3 regiones contiguas, serán disueltos. También existe otro mecanismo de sobrevivencia de los partidos regionales que no alcancen este umbral requerido, el cual consiste en alcanzar un número mínimo de parlamentarios electos (4 parlamentarios electos al menos en dos regiones distintas). De no cumplir con este requisito, el partido se disuelve.

Durante el año 2017, la situación coalicional en Chile comienza con una inesperada transformación. El comportamiento de los actores se ordenó en función de planificar los acuerdos parlamentarios. No es una novedad que los sistemas electorales de características proporcionales tengan incentivos para agrupar grandes coaliciones, y de esta manera, maximizar el rendimiento electoral. Por el contrario, tiene también otro posible efecto, y es que tienden a la fragmentación del sistema de partidos, ya que, al bajar los porcentajes de elegibilidad para alcanzar un escaño, existe la tentación de apresurar aventuras individuales.

Fue así como la negociación parlamentaria trajo como resultado un gran bloque de derecha llamado ChileVamos (2), que incluyó a los más grandes partidos de la derecha chilena –Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN)-, pero además introdujo otros partidos de corte liberal y regionalista en sus filas –Evolución Política (Evopoli) y el Partido Regionalista Independiente (PRI). Por su parte, la centro-izquierda, sufrió un quiebre repentino, y la Democracia Cristiana (DC) decidió competir por separado, luego de una serie de inconvenientes con las candidaturas presidenciales (3). Esta coalición, llamada Nueva Mayoría ex Concertación-, no pudo llegar a acuerdo para realizar primarias, por lo que decidió competir con candidaturas presidenciales distintas y listas parlamentarias separadas, dando paso a Convergencia Democrática –DC más otros partidos como el MAS y la Izquierda Ciudadana-, y el pacto electoral Fuerza de la Mayoría, que agrupó a los partidos del bloque progresista: Partido Socialista (PS), Partido por la Democracia (PPD), Partido Radical Social Demócrata (PRSD) y el Partido Comunista (PC).

Sin embargo, desde el año 2013, comenzó a gestarse una nueva coalición política, a la izquierda de la Nueva Mayoría, la cual se cristalizó en enero de 2017, y pasa a adoptar el nombre del Frente Amplio, que agrupa a los dirigentes estudiantiles Gabriel Boric y Giorgio Jackson, que lideraron las movilizaciones estudiantiles de 2011 y 2012, y alcanzaron un escaño en la elección parlamentaria anterior. Esta coalición agrupa una serie de partidos y movimientos políticos como Revolución Democrática (RD), Partido Ecologista Verde (PEV), Partido Liberal de Chile (PL), Partido Humanista, Partido Poder, Partido Igualdad, Movimiento Autonomista e Izquierda Autónoma, entre otras organizaciones.

Marco Enríquez Ominami, presentó una coalición llamada Por todo Chile, compuesta por el Partido Progresista y otras organizaciones más pequeñas. El centro-liberal formó también su propia coalición, llamada Sentido Futuro. Finalmente se agregan a este escenario, otros partidos de corte regionalista, que acabaron compitiendo en la misma elección.

La carrera presidencial

Durante todo el año, la desorientación de la Nueva Mayoría y la tozudez de sus ex socios de la Democracia Cristiana por llegar hasta la primera vuelta con su propia candidata, la Senadora Carolina Goic, atentaron contra su capacidad de realizar una primaria y solucionar sus conflictos de manera civilizada.

Por su parte, la derecha concurrió a primarias presidenciales con Sebastián Piñera, el senador Manuel José Ossandón y Felipe Kast. No había mucha novedad en ellas, ya que todo el mundo sabía que el gran vencedor sería Piñera, pero le fue útil a la derecha hacerla, para pavimentar la campaña presidencial que se desarrollaría durante el mes de septiembre.

En el caso del Frente Amplio, decidieron hacer su propia primaria, en que compitió la periodista Beatriz Sánchez (4) y el sociólogo Alberto Mayol, la cual fue ganada con un amplio triunfo por la periodista.

El letargo de la Nueva Mayoría y la aparente “débil” candidatura de Beatriz Sánchez, terminaron por posicionar a Sebastián Piñera como el competidor más sólido en las encuestas. Todas las semanas las encuestas de la plaza lo daban por ganador con más del 45% de los votos, e incluso una de las mayores expertas en esta materia, la Profesora Marta Lagos, en una entrevista en off, prácticamente aseguró, que habría una posibilidad de que Piñera ganara en primera vuelta.

A la oferta de los candidatos ya nombrados, se suma el eterno candidato Marco Enríquez-Ominami (PRO), el Senador Alejandro Navarro (PAIS), el Diputado de ultra derecha José Antonio Kast (ex UDI) y el candidato radical de izquierda Eduardo Artés (Unión Patriótica).

La campaña presidencial, estuvo marcada por un Alejandro Guillier (Fuerza de la Mayoría), impreciso, sin capacidad de cerrar los temas, que incluso se resistió a mostrar un programa definido luego del proceso de levantamiento de información a nivel nacional que realizó su coalición. Un Sebastián Piñera, cansado, que hablaba poco, para no continuar levantando enemigos. Una Carolina Goic (DC) tratando de levantar las huestes de su partido, a riesgo de que toda esta aventura terminara por pulverizar las bases DC, partido que se benefició durante años, gracias a la alianza con el Partido Socialista y la Concertación en general. Goic corría con la amenaza de perder un número importante de escaños y con el fantasma de una mala votación de una candidatura, que ni siquiera había tenido la posibilidad de convencer a sus propias filas.

Beatriz Sánchez se fue construyendo a sí misma, con todo el riesgo que eso implica. Si bien, manejaba los temas políticos por su oficio periodístico, carecía de la profundidad suficiente para enfrentar a periodistas que, como ella, le preguntarían sobre problemas específicos, tales como el modo en que gobernaría el país, materias económicas, institucionales, educativas, de política exterior, en que muchas veces se vio en aprietos, debido a su falta de formación y conocimiento de los mismos. Un Marco Enríquez-Ominami, extremadamente agresivo, que atacaba tanto a Guillier como a Piñera en todos los debates, cuyo personaje le impedía desarrollar sus ideas, por lo que se quedó en el ataque. Un José Antonio Kast que comenzó a reflotar los valores que todo el mundo pensó olvidados, haciendo referencia con fuerza a “la familia militar” (5) y autodenominándose como una persona muy simple, interesado en Dios, la patria y la familia. Un discurso que ensalzaba el nacionalismo, el conservadurismo y la religión en todos los ámbitos de la vida.

Durante los meses próximos a la elección, la gran mayoría asumió lo que las encuestas planteaban, pero la duda estaba en la cantidad de votos que obtendría Piñera si 45% o 46% o incluso 50%. Sin embargo, nadie fue capaz de vaticinar, lo que ocurriría aquella tarde del 19 de noviembre en Chile.

Los resultados

Pese a todo pronóstico, votaron 6.671.397 personas de un total cercano a 14 millones de electores. Chile es el país con menor participación electoral de la región, situación que se ha transformado en un problema, luego de la aprobación del voto voluntario. Sin embargo, esta vez, la gente concurrió a las urnas y participó activamente de estas elecciones.

Una vez comenzado el conteo, la situación se tornó un tanto extraña, pues la opción del Frente Amplio, liderada por Beatriz Sánchez, había recibido un inusitado respaldo, mientras que la candidatura de Alejandro Guillier se observaba cada vez más débil y con una votación ni parecida a la histórica de la Nueva Mayoría –ex Concertación-, cuyo candidato en 2009,  Eduardo Frei Ruiz Tagle (siendo un muy mal candidato) consiguió en primera vuelta el 29% de los votos. Esta vez, Alejandro Guillier, tuvo un peor desempeño electoral, con un 22,7%.

Beatriz Sánchez, rozó la votación de Guillier, alcanzando un 20,3% -contra todo pronóstico de las encuestas. Por su parte, la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, obtuvo un escuálido 5,8% de los votos, prácticamente los mismos que Marco Enríquez-Ominami, que pulverizó su apoyo anterior, desde el año 2009 –en que obtuvo un 20% de los sufragios-,  alcanzando sólo el 5,7%, con una candidatura repetida, sin un futuro sostenible.

Sebastián Piñera, contra todo pronóstico, alcanzó sólo un 36,6% de los votos, muy distante del 45% que le daban todas las encuestas, poniendo en duda la efectividad de ampliar su base de apoyo en una segunda vuelta.

Además de la candidatura de Beatriz Sánchez, no deja de sorprender el alto respaldo a la opción de ultra derecha de José Antonio Kast, que alcanzó un 7,9% de las preferencias.

El resto de los candidatos, prácticamente no existió ni durante la campaña, ni tampoco en esta elección.

La Cámara de Diputados posee una interesante distribución. El sistema proporcional aún cuando moderado, permitió abrir el espacio para que ingresaran nuevas fuerzas, más allá de las dos coaliciones anteriores: se incrementa de 10 partidos políticos con representación parlamentaria a aproximadamente 16. Se produce, además, una evidente fragmentación. Y si bien, ChileVamos obtuvo un importante número de escaños, no le alcanza para tener la mayoría de la Cámara de Diputados ni en el Senado a su favor.

Destacan los 20 diputados del Frente Amplio, situación que no habría acontecido con el sistema binominal, a lo que se suman los 4 diputados de la Federación Regionalista Verde y la diputada del PRO que logró ingresar.

Respecto a la centro-izquierda, la democracia cristiana obtuvo 14 escaños, muy por debajo de los 21 de 2013. En el caso de los otros partidos de la Fuerza de la Mayoría el PPD, obtuvo 8 diputados de 14 del período anterior. El partido comunista integró dos más, subiendo de 6 a 8 su representación parlamentaria. El Partido Socialista, aumentó su representación de 17 a 19 diputados, y el Partido Radical incrementó su participación de 6 a 8.

En el caso del Senado, se renovó la mitad, incluyendo su ampliación. La novedad es que el Frente Amplio logró romper la lógica binominal y se instaló con un senador, y dentro de la alianza ChileVamos ingresaron dos senadores provenientes del nuevo partido Evolución Política.

En el Senado, por tanto, se transita de la expresión de 6 partidos políticos a 9, lo que comprobaría la fragmentación partidaria del sistema.

La ley de cuotas

Después de mucho tiempo, y varios proyectos de ley ingresados al Congreso Nacional, logró aprobarse junto con esta reforma la ley de cuotas. Instrumento que permitiría avanzar en representación femenina en el parlamento chileno, puesto que éste exhibía una de las más exiguas cifras del mundo. Antes de la elección, el total de diputadas y senadoras alcanzaba el 15,7% y 15,8% respectivamente. No obstante en términos efectivos, con este nuevo sistema, las mujeres subieron sustantivamente su representación, alcanzando el 22,6% en la Cámara de Diputados y el 22,3% en el Senado.

Sin embargo, la paradoja se da es que quien aumentó sustantivamente sus bancadas femeninas con la ley de cuotas fue el Partido Renovación Nacional de ChileVamos, quién incrementó su bancada de 4 mujeres a 10, versus la nueva mayoría que acrecentó solo de 11 a 13 sus diputadas, y hubo partidos como el Partido Socialista de Chile que incluso perdieron mujeres representantes en la Cámara de Diputados.

La introducción de nuevos partidos al Congreso, especialmente para la Cámara de Diputados, permitió incrementar el número de mujeres electas, pasando de 19 en la Cámara de Diputados a 35. Para el Senado también se incluye un alza significativa, que pasó de tener 6 senadoras a 10, destacando la participación de la Democracia Cristiana, que proporcionó 2 nuevas senadoras, el Partido por la Democracia 1, y Evolución Política, que aportó con una nueva senadora.

Un cierre transitorio

Chile se encuentra ad portas de vivir una elección de segunda vuelta presidencial, la más incierta desde la recuperación de la democracia, ya que tanto Piñera como Guillier tienen el desafío de unir discursivamente a sus posibles simpatizantes.

No obstante, es importante advertir lo siguiente. El mal desempeño de Alejandro Guillier en la primera vuelta no responde solamente al evidente desgaste coalicional de la Nueva Mayoría, sino también a la incapacidad de él y su equipo de poder ofrecer al país medidas de cambio concretas y efectivas, que permitan cambiar el modelo chileno, que aparentemente exitoso, ha potenciado niveles de desigualdad económica, social y política escandalosos, haciendo que la ciudadanía pague por acceder a derechos sociales entre los que incluyen la educación y la salud, y un mezquino sistema previsional, que no se ha podido sostener en el tiempo.

La soberbia de su coalición y el inmovilismo tiene a la Nueva Mayoría en la más oscura de las disyuntivas, haciendo verdaderas listas de supermercado para satisfacer las peticiones que el Frente Amplio está solicitando para entregar un tenue apoyo a su candidatura. Sin embargo, nunca estuvo dentro de las posibilidades de éstos radicalizar las reformas de la presidenta Bachelet, por el contrario, se proponía ser un mero administrador de los logros alcanzados. El Frente Amplio los ha puesto en una situación compleja, de decidir si encantar los 390.000 votos de la Democracia Cristiana con Carolina Goic o luchar por conquistar casi el millón trecientos mil votos de la nueva coalición, lo que implica un necesario viraje hacia la izquierda.

Por otro lado, Sebastián Piñera se encuentra acorralado. José Antonio Kast representa el ultraderechismo que hace mucho tiempo no se observaba en la sociedad chilena, y que se contradice con la estrategia de Piñera de situarse en el centro político. Éste necesita recuperar esos 523.000 votos para poder atenuar la enorme brecha que lo separa del 50% de los votos. Al igual que Guillier, se encuentra realizando listas de supermercados, entre las que cuenta ampliar la gratuidad en el sistema de educación superior, siendo que durante su gobierno él mismo planteó que la educación era un bien de consumo. Por otro lado, sus parlamentarios se están comprometiendo a revisar la reciente aprobada ley de aborto en tres causales, que entrega mínimos civilizatorios para las mujeres chilenas y que posee más de un 80% de respaldo en la población, a modo de construir ciertas señales para los votantes de Kast.

El domingo 19 de noviembre, será recordado como el día en que la política tradicional perdió la brújula, como resultado de su desapego con la realidad. La sociedad chilena viene cambiando desde hace unos siete años, sin embargo la comodidad del poder, que engloba una ceguera y una sordera política, les está pasando la cuenta. De ahora en adelante va a ser difícil hacer campaña sin presentar un programa de gobierno sustantivo, que explicite cuál será la hoja de ruta, más allá de las tareas propias de administración que debe hacer un mandatario.

La política cortesana y a la carta está haciendo agua. La subestimación de la ciudadanía se ha expresado no sólo a través del desinterés en participar en las elección, con niveles de abstención cercanos al 55%, sino también en otorgar la preferencia al novedoso Frente Amplio, que se ha atrevido a instalar nuevas ideas y, aunque similar en cantidad de votos a los obtenidos por Marco Enríquez-Ominami en 2009, se aprecia la construcción de un proyecto político que trasciende a las personas, con una bancada parlamentaria numerosa, que va a tener la capacidad incluso de determinar el éxito o fracaso del gobierno que se aproxima.

No está tan claro quién va a ganar. Sin embargo quien alcance el sillón presidencial va a tener uno de los gobiernos más difíciles de la historia chilena reciente.  

Nota al pie:

(1)  Este es un artículo transitorio, que luego de su aplicación, incrementará al 5% permanente.

(2)  Este bloque ya había empezado a actuar como tal en 2016 para las elecciones municipales.

(3)  El respaldo otorgado al Senador Alejandro Guillier por el Partido Socialista de Chile, en el mes de abril de 2017, precipitó la salida del ex presidente Ricardo Lagos Escobar de la carrera presidencial, situación que tensionó las relaciones internas, pues éste último era el verdadero candidato de la Democracia Cristiana, por lo que finalmente deciden continuar el camino propio hasta el final.

(4)  Periodista, líder de opinión (feminista), muy reconocida en el medio local debido a la calidad de su trabajo y a su capacidad de presionar a los actores políticos en difíciles entrevistas en su programa de radio. Una parte del Frente Amplio concurrió a visitarla y a solicitarle que fuese su candidata a la presidencia, lo que ella en una primera instancia rechazó, pero que en una segunda oportunidad aceptó.

(5)  Militares que apoyaron el golpe de Estado y la Dictadura chilena.

Foto de portada: © Martín Bernetti / AFP 

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Javiera Arce Riffo

Licenciada en Ciencias Políticas y Gubernamentales por la Universidad de Chile. Magíster en Ciencia Política, por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Secretaria Ejecutiva de la Unidad de Igualdad y Diversidad de la Universidad de Valparaíso. Ha colaborado con una diversos think tanks chilenos. Es columnista estable del diario electrónico chileno "El Mostrador". Editora del libro El Estado y Las Mujeres: el complejo camino hacia una necesaria transformación de las instituciones (RIL Editores). |Tw: @javiarce

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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