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Derecho para los post millennials

Hoy asistimos a uno de los grandes desafíos de este siglo, constituido por la necesidad de un cambio de paradigma que nos lleve a poder adaptar instituciones ya arraigadas desde antaño o rediseñarlas de manera íntegra para que sean eficaces en el futuro.

Es a nuestra generación, la llamada generación del milenio, a la que le toca la difícil tarea de diseñar políticas que se adapten a los que nos siguen, a los Post-Millennials.

Ellos constituyen la llamada generación Z, los hijos de la tecnología, que nacieron entre los años 1995 y 2015 y que representan el 25,9% de la población mundial. Sus integrantes no conocen ni se imaginan cómo era la vida antes, cuando no había internet ni smartphones, cuando para encontrarnos con alguien debíamos simplemente apelar a su buena memoria y a su puntualidad, pues no se podía enviar un whatsapp avisando “ya llegué” o “voy un poco demorado, esperame”.

Los post millennials desarrollan sus interacciones sociales en la vida virtual, sus medios de comunicación son principalmente a distancia, y van mutando de redes sociales, por ello generan una gran dependencia y hasta una adicción a la tecnología y a Internet, de allí que también se los denomine “screenagers”. Las interacciones sociales en la vida real muchas veces les resultan más difíciles, muchos carecen de habilidades interpersonales y son más individualistas.

Sin embargo nos superan en la forma de ver el mundo, pues ellos han nacido en una era de diversidad social, donde cambiaron algunos roles sociales, por lo que respetan la igualdad sexual, tanto en casa como en el trabajo.

Son jóvenes muy maduros, autosuficientes, autodidactas y creativos. El 33% aprende vía tutoriales en internet; más del 20% lee en tablets y dispositivos y el 32% hace todas sus tareas y labores online.

También son amantes de la inmediatez, pasan al menos 3 horas al día frente a una computadora y elevan la tendencia multipantalla a 5 pantallas a la vez.

Como puede advertirse, se hace necesario, por un lado, pensar de nuevo la forma de educar a esta generación, para lo que debemos conocerlos en profundidad, y diseñar un sistema educativo acorde a los tiempos que corren.

La educación en el seno familiar también presenta grandes desafíos y esfuerzo de parte de los padres, pues hoy los padres tienen que adentrarse en el mundo virtual para comprenderlos.

“La falta de control de los adultos, hace que no puedan controlar la vida de sus hijos”, reflexiona la abogada Fedra Fontao, corresponsal por la Red Iberoamericana de Derecho Informático

Finalmente también se hace necesario pensar un sistema jurídico que se adapte a la vida virtual, donde se desarrollan los nativos de la generación Z, donde existen nuevas formas de interacción, donde reina el anonimato y se desdibujan las edades, pudiendo pretender los adultos ser niños y los niños mayores, y donde han nacido nuevas formas de delinquir, opina la abogada Bárbara Virginia Peñaloza, especialista en Derecho Informático

En nuestro país no podemos negar que hemos tenido importantes avances jurídicos en materia Niñez y Adolescencia, y respecto al uso de la tecnología e internet. Sin embargo, todavía nos encontramos lejos de que Derecho y Tecnología se encuentren.

Hemos sido testigos de importantes avances legislativos, partiendo desde el año 2008 a través de la incorporación de la Ley de Delitos Información Nº 26.388, posteriormente la entrada en vigencia de la figura penal tipificada como grooming a través de la Ley 26.904 y finalmente -luego de varios debates y reflexiones- la reforma del Código Civil y Comercial de la Nación que cambia radicalmente la forma de regular la niñez y la adolescencia, y puede afirmarse que la generación Z ha sido escuchada.

Los niños y adolescentes de hoy, desarrollan su vida en internet y su principal medio de comunicación son las redes sociales. Internet podría decirse es su hábitat natural, sin embargo ello no releva a los adultos de su rol en el proceso educativo de esta nueva generación, tanto como progenitores, o como miembros del sistema educativo.

Para ampliar esta afirmación acudiremos a una analogía, todos los humanos somos concebidos y nos desarrollamos durante la gestación en un medio acuático, razón por la cual los bebés se sienten a gusto cuando se los introduce en el agua, se sienten como en sus días de contención en el vientre materno, en el que el medio acuático fue su hábitat natural por 9 meses. Sin embargo un bebé no sabe nadar, y por más a gusto que en el agua se sienta, sin la supervisión, ayuda y enseñanza de un adulto, ese bebé puede ahogarse. Pues bien, aunque en el mundo digital los post millennials se desenvuelven como peces en el agua, necesitan de las herramientas que la educación familiar y escolar les brinda para formarse un criterio, deben aprender a nadar antes de zambullirse en el océano digital.

Las estadísticas hoy en día demuestran que los niños y los adolescentes de hoy “no saben nadar” y si los adultos no tomamos cartas en el asunto, mediante políticas claras, rápidas y eficaces, muchos “se ahogarán” si no reciben ayuda, orientación y contención.

Según una encuesta efectuada en junio de 2016 por la organización no gubernamental Argentina Cibersegura, el 14% de los encuestados afirmó haber vivido un caso de grooming y el 64% afirmó haber sido víctima de ciberbullying en la escuela.

Por otro lado, desde el año 2012 a la fecha se abrieron más de 20.000 causas en todo el país por denuncias relacionadas con el delito de grooming, unas 11 por día. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se pasó de 65 denuncias ese año a 3.174 en 2015, esto es un incremento de un 165% en relación a las denuncias ingresadas en 2014. Desde noviembre de 2013 hasta mediados de 2015, la Fiscalía de dicho distrito, única fiscalía especializada en cibercrimen en nuestro país, recibió alrededor de 11.000 reportes que incluyen la distribución de contenidos con pornografía infantil y posibles casos de grooming en internet.

El anonimato que brinda el uso de internet y de las redes sociales es uno de los medios que facilitan la comisión de estas conductas delictivas. Otra de las características de este tipo de delitos viene dado por el alcance masivo que sus efectos pueden tener, sumado a que los mismos pueden extenderse a diferentes jurisdicciones de nuestro país e incluso traspasar las fronteras del mismo.

En la lucha contra el cibercrimen, se requiere un aggiornamiento de las instituciones. La justicia, por un lado, necesita de fiscalías especializadas en cibercrimen, operadores del sistema y policía judicial capacitada en la recolección de la evidencia digital. Pero es en el hogar y en la escuela donde está la clave para prevenir y disminuir la comisión de este tipo de delitos, y es allí donde deben focalizarse los esfuerzos. Necesitamos una Justicia que esté a la altura de las circunstancias, que permita perseguir y condenar efectivamente estos delitos, pero mucho más indispensable es evitar que un menor resulte víctima de este tipo de abusos.

Actualmente el 71% de los padres desconocen qué hacen sus hijos en las redes sociales y muchos de los padres se excusan argumentando que desconocen el manejo de las redes sociales, o que sus hijos, menores por cierto, entienden mejor el funcionamiento de la tecnología que ellos mismos.

En la educación del menor en la vida virtual juega un rol preponderante la escuela, allí la enseñanza en el uso de internet y las redes sociales se completa con la guía de los docentes, quienes también deben ser capacitados al respecto en todo el país, abarcando geográficamente todos los establecimientos educativos tanto públicos como privados

También corresponde al Estado, a través de campañas de Concientización, brindar información a los padres respecto a los posibles riesgos a los que pueden exponerse sus hijos, sin apelar al miedo, sino a la importancia de la educación en el seno familiar. Si bien desde el Ministerio de Justicia y Desarrollos Humanos de la Nación, existe un programa de capacitación a través de guías para padres, videos, tutoriales y talleres para los niños, el mismo requiere de mayor difusión a nivel nacional.

Esto nos lleva a concluir que si los padres no asumen el rol que les corresponde en la crianza de sus hijos, tanto en la vida real como en la virtual, enseñándole valores, el respeto y amor por sí mismos y para con sus pares, la importancia de resguardar su imagen y privacidad, estaremos muy lejos de proteger la intimidad del menor. Los padres son los únicos responsables por lo que hacen sus hijos en las redes sociales, y deben asumir dicha responsabilidad pues son ellos quienes en primer término les facilitan la tecnología a sus hijos, por lo que deben aprender a usarla junto a ellos. No se trata de infringir temor, prohibir su uso o efectuar un control exhaustivo sobre lo que hacen sus hijos en internet, se trata de educar en valores, de generar un ambiente de confianza y comunicación, de compartir tiempo de calidad con los hijos y de predicar con el ejemplo, cuidando los propios padres lo que publican en las redes tanto de sí mismos como de sus hijos, evitando difundir indiscriminadamente imágenes de estos. Se trata entonces de “enseñarles a nadar”.

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Bárbara Virginia Peñaloza | Fedra Selene Fontao

Bárbara Virginia Peñaloza. Abogada, egresada de la Facultad de Derecho de La Universidad Nacional de Cuyo. Especialista en Derecho Informático. Fedra Selene Fontao. Abogada, egresada ante la Universidad de Belgrano. Corresponsal por Argentina ante la Red Iberoamericana de Derecho Informático. Investigadora para el Centro de Estudios Políticos y Administrativos dependiente de la Universidad de Rio Grande Do Sul. | Tw (fedra) @FSABOGADA

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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