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Colombia: entre la impunidad y el miedo. Aproximaciones al tema político y la reconfiguración armada en la Sierra Nevada de Santa Marta

Mientras leía a Arguedas, El Zorro arriba y el Zorro abajo y al mismo tiempo experimentaba la sencillez que produce el campo y sentir en medio de esta literatura, la vida, la lluvia y la sensibilidad de las letras de José María, no dejaba de pensar en el caso colombiano y que ab portas de ser un exiliado de mi propio país, la realidad política caía como agua fría y a cantaros. Como antropólogo me esfuerzo por entender los fenómenos sociales asociados a las conductas humanas y entre ellas, la violencia, que ha dejado millones de víctimas sumidas en el olvido, la pena moral, el desasosiego y el miedo.

Y a mi mente fueron llegando lugares; espacios y personas y con cada una de ellas, la información de un episodio nefasto que cambió el rumbo de muchas vidas. Me ofrecen una taza de café caliente y al instante se acerca don Juan y me dice: profesor, cómo le parece que van a volver los Paramilitares y, nosotros, ¿qué le hemos hecho a esa gente? -No puede responder a su pregunta- Nosotros, nos hemos quedado callados, y prosigue: no denunciamos, no hemos recuperado nada. Todos los días nos levantamos con el miedo y con la esperanza de un mejor mañana, aquí en estas montañas. Ahora ¿que otra cosa nos quieren quitar si se llevaron todo? A don Juan, los paramilitares, le mataron a su único hijo en 2004. Tenía 13 años. Todavía escava entre la tierra buscando su cuerpo. El pasado domingo votó en la elecciones presidenciales por la opción de la extrema derecha, la misma que años atrás creo las condiciones en las que desaparecieron a su hijo y de golpe volvió a llegar a mi mente la figura del desaparecido Eduardo Galeano, y sus Venas Abiertas, cuando define que muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven y parafraseando su obra: el mercado de la guerra se recupera y ofrece promisorias perspectivas de carnicerías rentables. Las fábricas de armas trabajan tanto como las fábricas que elaboran enemigos a la medida de sus necesidades. Y encontré aquí el primer elemento común que me permitió pensar en la situación de don Juan. El MIEDO.

Don Juan no votó por esa opción porque era la que más le convenía al país. Votó porque entre menos enfade a los paramilitares puede mantenerse con vida y esto solo lo pueden entender quien ha vivido los horrores de la guerra y la cercanía en la que están: el lugar del que les hablo está rodeado de dos modelos paramilitares que en el pasado causaron daño irreparable y que se acercan raudamente para también controlar esa región. Las víctimas no tienen reparación y después de 12 años de un Proceso de Paz, la enseñanza es que los muertos no fueron los guerrilleros, y como ha escrito el cubano Padura, también parafraseándolo: ellos han visto la muerte tan de cerca como tú no eres capaz de concebirla. Creo que lo saben todo sobre la muerte.

Algunos estudiosos dicen que paramilitares no existen y que sí hay una gama importante de actores armados ilegales que son contrarios, en prácticas, a esas estructuras desmovilizadas de poder y muerte. El tema es que lo dicen desde la comodidad de sus oficinas y prefieren llamarlas: Disidencias, Grupo Armado Residual, Bandas Criminales, Grupo Armados Organizados, Grupos Armados Ilegales, Herederos de los Paramilitares, Grupos Armados Posdesmovilización, Odin, Fuerzas Armadas Irregulares de Colombia y están ahí y el campesino, las víctimas reales, no saben distinguir entre el uno y el otro porque la actuación es la misma. Todos les quitan las ganancias, las tierras, la tranquilidad, la armonía y la vida. El fenómeno paramilitar es un entramado de muchas raíces, en la que el enemigo, que se va a eliminar, se construye, por lo tanto, no es difícil crear otro y frente a ese, dirigir todo el poder, porque ante todo, el paramilitarismo, es un ejercicio totalitario económico; es un dinamizador de la economía que se favorece a sí mismo y favorece, enormemente a sus propulsores. La muerte es un negocio rentable, incluso para las iglesias y la fe.

La Sierra Nevada de Santa Marta es un macizo montañoso ubicado al norte de Colombia que cuenta con tres departamentos, Cesar, Magdalena y La Guajira. En estas montañas revestidas de verde se han perpetrado los peores crímenes en contra de los más indefensos. Por aquí han pasado guerrillas, bonanzas, paramilitares y Estado. Todos dejaron su huella indeleble, incluso, quienes por Constitución deberían protegerla.

[…]  Llevábamos tres días caminando y qué guerrilla ni que nada. Nunca la encontramos, los paracos la habían sacado. Entonces mi Cabo dijo: bueno señores, vamos por el descanso y la bonificación. Ese día capturamos dos muchachos que estaban raspando coca. Les pedimos la cédula y eran de por allá del Bolívar. Coronamos, dijimos.

-Están detenidos por el Ejército Nacional de Colombia, gritó mi Cabo -No opusieron resistencia.

Esa noche los vigilamos para que no se volaran, no los amarramos porque si los amarrábamos quedarían marcas en las manos y eso no se podía. Al día siguiente caminamos hasta un plan, donde iba a aterrizar el helicóptero.

Me acerqué a ellos, para ganarme la confianza. Les dije: -muchachos, nosotros no los vamos a embalar porque ustedes son campesinos. Déjeme y hablo con mi Cabo para que los deje ir. Me acerqué al Cabo y regrese.

-Listo, lo convencí- Ahora toca que ustedes nos colaboren para que se puedan ir. Mi Cabo dijo que los había reportado y que ya venían por ustedes mi Coronel. Entonces lo que tenemos que hacer es que ustedes se vistan de soldados y se vayan para las esquinas. Por allá lejos, como haciendo guardia. Apenas se vaya mi Coronel ustedes se quitan el camuflado y se van.

Eso fue decirles eso y enseguida se cambiaron. Estaban asustados; pensaban que iban presos. Luego les dije: bueno, váyanse para aquella esquina y no vengan hasta que los llame. Apenas salieron corriendo les ponen la M60. Solo dijeron: ¡AY! Exclamaron un suspiro feo (Testimonio oral, 2013).

Los falsos positivos son una realidad innegable que, al menos en este macizo montañoso no se han investigado y quizá no se harán y campesinos, como esos dos, cuyas muertes dieron paso a recompensa, descansos y posibles asensos, quedaran en la impunidad. Hay registros orales de por los menos más de cincuenta falsos positivos tan solo en esta parte de la SNSM, que corresponde al departamento del Magdalena y la razón por la que quedan en la impunidad es porque nada indica que se vayan a investigar y este modelo de gobierno, que ahora empieza, trae consigo una carga histórica que lo relaciona con favorecer esos hechos punibles. Eso también hace parte de la estrategia paramilitar que se puede llegar a potencializar, teniendo en cuenta la relación entre paramilitares y militares en el pasado y que claramente, el modelo que actualmente se implementa, hablando de si son o no paramilitares, lo único que cambia es que no persigue a las guerrillas, en estas zonas porque no hay. Tampoco les fue muy exitosa esa persecución en el pasado, pero las otras medidas se mantienen.

De manera resumida, el paramilitarismo es una empresa criminal cuya función es romper los esquemas sociales, imponer la fuerza y generar dividendos a favor y en favor de quienes hacen parte de su entramado, que paradójicamente, no son sus empleados sino las redes que la componen. No conozco a ningún paramilitar de base lleno de dinero ni con grandes extensiones de tierra. Los he visto en las cárceles y los he visto muertos, pero nunca enriquecidos, caso contrario con los mandos medios y las redes con sus entramados.

El paramilitarismo es en sí un movimiento totalitario que crea escenarios, vende seguridad y establece órdenes y tal vez uno podría pensar, de manera hipotética, que hace parte de un movimiento político porque son afines a su ideología; la defienden, la apoyan y la impulsan. Todos son de la derecha extrema y detestan todo aquello (persona o movimiento) que vaya en otra dirección. Funciona como en una doble vía: te necesito; me necesitas.

Entonces, claro, vendo seguridad y con eso hago limpieza social y esto me recuerda las épocas del DAS, y del F2 del Ejército: ante una actuación insostenible para el Estado, lo que llaman personas incorregibles, lo que hay que hacer es eliminarlo y para nadie es un secreto que este tipo de acciones se hacían y se hacen y se seguirán haciendo y alguien tiene que hacerlas. Alguien tiene que jugar a ser el responsable de la armonía y la tranquilidad, que paradójicamente, solo se encuentra en la muerte del otro. Eso hace el paramilitarismo y hay quienes lo apoyan, incluyendo gran parte de la sociedad que va a misa o a una iglesia evangélica.

No puedo decir, con total certeza, que este nuevo gobierno, que va a empezar, va a buscar soluciones definitivas a este problema que solo deja una estela de miedo y desolación. Tampoco sé cómo van a hacerlo, pero lo que sí sé, es que les llevan 12 años de ventaja y que no hay voluntad, ni política, ni militar, ni administrativa, que se ponga del lado de las víctimas y les arranque ese flagelo. La Ley de víctimas, de manera concreta, afirma que las víctimas solo dejaran de serlo una vez hayan superado su condición, condición que tiene un elemento primordial: no revictimización. De modo que pasaran años y quizá siglos para que esto pase porque así los indemnicen, que no lo han hecho, siguen rodeados de los mismos actores que crearon su condición de víctimas y pongo un ejemplo pequeño: una víctima, de las pocas reparadas. Con ese dinero montó un pequeño negocio y ahora, le paga extorsión a los mismos que mataron a su familiar, que fueron a la cárcel y que retornaron para rearmarse. Esto es vergonzoso: no tiene presentación. Y esto es lo que hay, en este momento para las víctimas.

El movimiento paramilitar arrasó las fuerzas de lucha que favorecían la clase obrera en el departamento del Magdalena y montó y apoyó gobernación, alcaldías y cabildos. Favoreció el crecimiento empresarial mediante el impulso desmedido de la mano de obra barata y explotada y las tierras, casi regaladas o expropiadas, que aunque bañadas de sangre el tema ético o moral, fue ponderado con el factor económico. Esto claramente es un impedimento para la implementación de los Acuerdos de Paz y los Planes de Desarrollo con enfoque territorial PDET, que a propósito, ya están siendo planificados por los paramilitares y si no me creen revisen las vías terciarias que están construyendo para unir la sierra y poder recorrerla desde arriba; incluso, la planificaron el turismo y la forma cómo y con quién lo van a explotar.

La salida de algunos desmovilizados de los paramilitares que retornaron a las zonas, donde anteriormente operaron, a cumplir funciones ilegales específicas, dan cuenta del resurgimiento de la actividad criminal. Y nadie dice nada, antes por el contrario, se oculta. Hace unos días escribí para un medio local, Seguimiento, un artículo sobre la Alerta Temprana que la alcaldía de Santa Marta y las autoridades desconocen, aquí el vínculo ( https://bit.ly/2K1k7cY ) por si alguien está interesado en la lectura.

La Alerta, que emite el Ministerio Público colombiano, no miente y deja mucho que pensar que las autoridades no solo se nieguen a reconocerla, sino que por el contrario, digan que no hay tal presencia de esos actores armados, así la extorsión se les haya cuadriplicado; y persistan los homicidios y el control territorial de una estructura que, nunca, se fue; es decir, que desde la desmovilización paramilitar están allí, ejerciendo su papel como estructura totalitaria.

En resumen: este modelo de gobierno que regresa trae consigo, personas, que representan a colectivos que han sido seriamente cuestionados y condenados por su cercanía, apoyo, financiamientos y favores con estos ejércitos totalitarios que han sembrado tanto terror. Que se pierda el camino que se ha ganado en el fin de ciclos violentos y no se permita el libre funcionamiento de los Acuerdos de Paz, pero ante todo, lo que vaya a pasar con las víctimas, sin reparar, sin ser escuchadas, sin ser reconocidas.

La SNSM, es tan solo un ejemplo simplificado de los que pasa en Colombia.     

Foto portada: AFP

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Lerber Lisandro Dimas Vásquez

Antropólogo, investigador del grupo de investigación Oraloteca de la Universidad del Magdalena. Con conocimiento sobre dinámicas, sociales, económicas, políticas y violentas en la Sierra Nevada de Santa Marta. Con amplio recorrido en temas de Justicia Trasicional, construcción de paz, crimen organizado y violencia urbana. Con conocimientos y trabajos en comunidades étnicas y campesinas. Defensor de Derechos Humanos y del medio ambiente | Twitter @lerberlisandro

Christian Andres Gonzales Calla

Politólogo.

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