Consternación global: Berta Cáceres, la líder indígena hondureña, ha sido asesinada.

A Berta Cáceres se le podría identificar levantando muchas banderas. Berta, era defensora de los derechos humanos, de los derechos de la mujer y  coordinadora general del Consejo Indígena de Organizaciones Populares de Honduras. (COPINH).

Su lucha enérgica en contra de  la construcción de proyectos hidroeléctricos concedidos por el gobierno hondureño a empresas nacionales y transnacionales, en defensa del derecho de los pueblos a la tierra y los recursos naturales, cruzó las fronteras.  Fue así que en el 2015,  su tarea, fue reconocida a nivel internacional al recibir el Premio ambiental Goldman.

Líderes indígenas y de los movimientos sociales de diversas partes del mundo, artistas, políticos y organizaciones regionales e internacionales han expresado su repudio y condenado este crimen. Entre ellos el recientemente laureado actor, Leonardo Di Caprio  y la premio nobel de la paz,  Rigoberta Menchú,  han expresado su rechazo y conmoción por el asesinato de la líder indígena perteneciente a la etnia lenca. Los lencas constituyen  una de las poblaciones indígenas más empobrecidas,  víctimas de la explotación y exclusión en Honduras.

Pero la persecución y las amenazas contra Berta no eran recientes. Berta fue una de las mujeres que lideró la resistencia indígena contra el golpe de Estado de 2009. Tanto la lucha por los derechos de los pueblos como la fuerte oposición que ejerció contra el poder civil – militar que derrocó a Manuel Zelaya Rosales, fueron motivos para que fuese blanco de serias amenazas, que incluían desde violación sexual hasta asesinato.  Por ello, desde ese mismo año, frente a la persecución militar que rondaba su casa, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), le había otorgado medidas cautelares de protección a la integridad y a la vida.

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Lastimosamente, en Honduras, tales medidas no han sido tomadas con seriedad por el Estado, Berta no es la primera persona que gozando de tal protección, ha sido asesinada.

Su caso,  no solo refleja la falta de voluntad política para proteger a los defensores de Derechos Humanos, sino también es  el resultado de la impunidad en que permanecen los asesinatos de decenas de indígenas, campesinos  y líderes de los movimientos sociales, en Honduras.

Atribuir apresuramente,  autoría en el crimen de Berta al gobierno, es un acto de ligereza. No obstante, el gobierno debe mostrar un compromiso público por efectuar investigaciones serias que conduzcan a los responsables, procesarlos judicialmente hasta que se les deduzca responsabilidad. Al gozar de medidas cautelares, es claro que aunque el Estado investigue y condene a los responsables, no podrá eludir su responsabilidad internacional de Estado, al no haber garantizado de forma efectiva, el derecho a la vida de la líder indígena.

Aunque lograron apagar la vida, la luz de Berta nos continuará alumbrando. Aunque mataron al ser humano, su ejemplo de mujer valiente, su ejemplo de  lucha y coherencia,  siempre vivirá.

Berta Caceres 2015 Goldman Environmental Award Recipient