Bolivia: ¿Qué pasa después del Referendo?

El desgaste exponencial que ha venido ocurriendo en contra del partido en gobierno, en los últimos meses, más importante, en las últimas semanas, ha sido usado como hipótesis para explicar la salida del partido en gobierno, por parte de muchos sectores que han estado haciendo campaña a favor del “No” en este tiempo.  En algunos casos, se dice que el Referéndum sería la culminación del “Proceso de Cambio”, mientras que en otros –y a la luz de la tragedia ocurrida en la ciudad de El Alto, además del alto porcentaje de  votos por el “No”- que ni Presidente y menos Vicepresidente, lograrían terminar su gestión en 2019. Implícitamente, lo que se menciona es que muy probablemente, las masas estarían dispuestas a tomar otros horizontes.

En “Lo Nacional-Popular en Bolivia”, René Zavaleta Mercado llama a lo anterior momentos de disponibilidad ideológica: momentos donde grandes masas estarían dispuestas a la asunción de nuevas creencias colectivas[1], condicionados –los momentos- por hechos de gran conmoción[2]. En lo que refiere a la coyuntura boliviana, la disponibilidad ideológica como causa y el vaciamiento ideológico, como efecto, distan de ser visibilizados aun, como para afirmar o negar que quien sea esté dispuesto a tomar otras creencias. Eso sí, lo que sigue desde el 22 de febrero es justamente esta tensión: existe la posibilidad de una ruptura entre el programa y los hechos. Por esto, conviene indagar en ciertos eventos que pueden explicar lo anterior.

Existe una cara reversa a argumentos que son digamos, centrales en la campaña por el “Si” y a la hora de defender la gestión de Evo Morales: si el porcentaje de representación política de mujeres en el parlamento, Asamblea Legislativa, es uno de lo más altos del mundo (52%), estudios comparados, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2015, sobre el fenómeno de representación política femenina en la región indican que una de las fallas del sistema político boliviano está en la poca capacitación de los líderes políticos respecto del papel de la mujer al interior de cada partido[3]. La asimetría en las relaciones de género en las estructuras partidarias puede explicar uno de los temas no resueltos por el partido en gobierno, que coincidentemente irradia a lo social y que luego se conjuga con otros que han sido tan problemáticos: la inseguridad ciudadana y la mala administración de la justicia boliviana tiene, como siempre, que las víctimas sean las mismas de siempre, o mujeres, o mujeres indígenas, o mujeres indígenas que no tienen el dinero suficiente para revertir una situación en contra, lo que se replica también a hombres aunque no con tanta violencia. Por otro lado, la explotación de hidrocarburos es una de las principales razones por las que el estado boliviano ha logrado un crecimiento promedio en toda la década que nos ha precedido, lo que no se contempla es que la deforestación es caótica, así como las técnicas de extracción de gas y petróleo son contradictorias al discurso del partido en gobierno, lo que en lo social (aunque marginal) significa también un desgaste, de la misma forma que con la educación o la salud, donde mayor inversión no ha significado mayor calidad.

Si bien los dos primeros hechos que se describen son marginales para el debate en Bolivia, lo que se quiere demostrar es que el escenario para el Movimiento Al Socialismo después de los resultados adversos del 21 de febrero estará tenso en los lugares donde las contradicciones parecen más presentes: la inseguridad ciudadana, el rol secundario de la mujer, la corrupción, la mala administración de la justicia (la cumbre de la justicia en abril)  o las contradicciones discursivas respecto del medio ambiente van a ser temas explotados por cualquier forma de oposición. No obstante, con las contradicciones mencionadas, lo que se pone en evidencia es que lo social tiene una predominancia importante en el campo político boliviano. A partir de aquí, lo que toca cuestionarse es el lugar donde reside el vaciamiento: ¿en la representación política, o sea quién lleva ese añorado Proceso de Cambio adelante, o que lo económico tenga una relevancia sobre lo social?

En el primer caso, de lo que se hablaría es de un desgaste donde el centro articulador no puede ir más allá de sus fronteras porque no interpela a más sujetos políticos, o  lo que es lo mismo, pensar que el Movimiento Al Socialismo puede todavía llevar adelante una igualdad social, o el Proceso de Cambio, es carente de legitimidad por ahora. En el segundo caso, consecuencia del primero, si hay algo que no se puede reprochar al partido es que la sociedad boliviana reclama más de lo social, aunque debido al desgaste mencionado.

En pocas palabras: un gobierno social ha puesto lo social por sobre otros temas, pero se ha desgastado en los momentos que demostraba otra cosa, precisamente porque en la ciencia política, la izquierda debe siempre lidiar con la moral que predica.

Respecto del vaciamiento ideológico, lo anterior lleva a deducir que no es cierto que las masas estén dispuestas a asumir otras creencias, ni otros horizontes. Lo que sucede aquí y ahora es un vaciamiento de la representación: el argumento espacial respecto de la derecha y el pueblo, el temporal respecto de los neoliberales y el proceso de cambio o el de la cercanía del líder con el pueblo, a través de la mediación de los movimientos sociales, parecen no tener la legitimidad que tendrían antes del referéndum. Eso sí, si en el imaginario social boliviano ha quedado algo es que todavía queda mucho por hacer, y en este aspecto pendiente, ningún partido de derecha que vaya a rellenar la alternancia podría competir: es la institucionalidad, si bien poco lograda, que se va a heredar en los próximos 4 años, de donde el Movimiento Al Socialismo, diferente al de hace unos años, ya no puede representar.

[1] Zavaleta, R., Lo Nacional-Popular en Bolivia. Pág.14. Plural Editores. 2008.

[2] Zavaleta, R., Lo Nacional-Popular en Bolivia. Pag.46. Plural Editores. 2008.

[3] Banco Interamericano de Desarrollo., Partidos Políticos y Paridad: Un desafío de la democracia en América Latina. Pág. 16 – 21.  2015.