¿Puede la democracia confiar en blockchain?

La tecnología del blockchain, aquella detrás de la criptomoneda Bitcoin, se ha convertido en una gran innovación en distintos ámbitos, incluyendo la política. Esta tecnología tiene la capacidad de generar mayor distribución de poder a través de la auto-regulación ciudadana, convirtiéndose así en un mecanismo de gobernanza masiva sin la necesidad de intermediarios más allá de algoritmos matemáticos. A su vez, sus protocolos de encriptación la convierten en una forma de comunicación segura y casi imposible de censurar. No obstante, debido a sus problemas de escalamiento, el blockchain puede a su vez generar efectos contrarios, como una sobre-concentración del poder en “tecno-elites”.

En este artículo te contamos cómo funciona blockchain y cómo puede llegar a revolucionar los alcances de la participación ciudadana en democracia.

¿Cómo funciona el blockchain?

La tecnología del blockchain surge con la criptomoneda llamada Bitcoin. Básicamente el blockchain es un registro de transacciones que se van agrupando en bloques continuos,  conformando así una gran cadena. Es decir, un usuario transfiere a otro algún tipo de información o contenido y el registro de esa transacción se encripta y se coloca dentro de esta cadena. Cada bloque de registros es identificado con una secuencia numérica que se llama “hash”, la cual vendría a ser el equivalente de una firma.

Los “hash” son correlativos, es decir, están enlazados al bloque anterior, y el anterior al bloque anterior, y así sucesivamente. En otras palabras, cada bloque de información carga consigo el registro del bloque que le precedió. Además, todos los bloques tiene un registro de marca de tiempo (time-stamp), que indica la hora o momento en el cual se realizó la transacción, generando así líneas cronológicas. Los “hash” no pueden  ser alterados, pues al hacerlo, la correlación numérica se rompería al igual que la cadena de bloques que se conformó.

Todos los registros de las transacciones, es decir los bloques de información, son públicos y todos los usuarios que participan en el blockchain pueden acceder a ellos. No obstante, los datos privados y contenidos de los bloques, sí están protegidos. Es decir, sólo se permite el control sobre las transacciones más no así de la información privada.  De este modo, el blockchain se convierte en una manera segura de guardar y validar información, en tanto cada bloque es prácticamente incorruptible.

Además de la seguridad de la información, las transacciones se dan de manera automática y, como se indicó, transparente. En ese sentido, el blockchain permite coordinar actividades/transacciones sin la necesidad que un ente central tenga que verificar cada una de éstas. La verificación es más bien descentralizada y basada en la encriptación de la información. En el pasado, siempre hemos necesitado de un tercero que verifique la existencia de tal transacción: digamos un banco, el Estado o alguien delegado para hacer esa tarea.

A partir del funcionamiento del blockchain en el bitcoin, emergieron una serie de nuevas funcionalidades que la convirtieron en una evolución en sí misma para el intercambio de información en internet. Entre estas funcionalidades están, por ejemplo, los contratos inteligentes, y paulatinamente se está pensando en su incursión en el terreno de la política, como nueva manera de gobernanza y gestión de delegación del poder, que ya se está empezando a usar en empresas y corporaciones, y que eventualmente podría llegar a suplantar la idea de “Estado” como último garante.

Blockchain como gobernanza descentralizada

El sistema político sobre el cual funcionan nuestras sociedades modernas se basa en la delegación del poder individual para la constitución de un Estado. Es decir, cada ciudadano y ciudadana delega su capacidad de decisión para que un tercero decida y garantice el cumplimiento de nuestros derechos, la toma decisiones óptima y la fiabilidad de la moneda, por citar sólo algunos ejemplos. Sin esa entidad, que llamamos Estado, de acuerdo al filósofo clásico, Thomas Hobbes, viviríamos en una “guerra de todos contra todos”.

Ahora bien, para algunos, el blockchain supondría una manera de empezar a descentralizar y distribuir parte de esa soberanía entre la propia ciudadanía, quitando así la necesidad de que el Estado verifique cada una de nuestras transacciones.  

Una de las maneras básica de cómo podría usarse blockchain en nuestras decisiones en democracia es, por ejemplo, a través de un mecanismo de votación más seguro. Los votos, para cualquier elección, podrían ser emitidos a través de nuestros dispositivos y convertidos en datos y manejados a través de blockchain. De esa manera, nadie podría intentar falsificarlos sin afectar al resto de los votos, lo que lo haría más fácilmente auditables.

Otra manera muy eficiente de usar blockchain sería en la lucha contra la corrupción y en la burocratización innecesaria en la provisión de servicios. Si todo gasto o transacción realizada por el Estado pudiera ser manejada a través de blockchain, sería bastante complejo hacer malversación de fondos y adjudicaciones no previstas, dado que los ciudadanos podrían verificar todas las acciones e incluso ser recompensados por hacerlo (como sucede con el bitcoin). Al mismo tiempo, los servicios podrían ser ejecutados como los contratos inteligentes, sin necesidad de un ente revisor o supervisor.

Sin embargo, allí donde más puede impactar blockchain es quizás en los mecanismos de toma decisiones y/o de gobernanza. Muchas de las decisiones y transacciones que requieren de una supervisión del Estado pueden ser descentralizadas y automatizadas a través de blockchain, como por ejemplo: la provisión de permisos para la utilización de espacios públicos, la emisión de identificaciones, licencias de conducir (u otros trámites similares), la supervisión de ejecución de contratos estatales, entre muchos otros. De hecho, se ha mencionado que, por ejemplo, blockchain podría ayudar a evitar la “tragedia de los comunes”, en relación al manejo de recursos estratégicos, en tanto facilita la administración y gestión transparente a pequeña y mediana escala.

No, tampoco blockchain es la innovación definitiva

No obstante las grandes potencialidades de blockchain, es preciso tomar en cuenta algunas consideraciones (y advertencias) respecto a su aplicación:

  • A las perspectivas que ven a blockchain como una estructura de descentralización que podría eventualmente reemplazar el Estado, es necesario tomar en  cuenta que el imperativo del Estado (o aquello que lo define en última instancia) no es regular la participación política, sino la convivencia pacífica a través del monopolio legítimo de la fuerza. Por ende, el Estado sigue siendo necesario más allá de que tomemos decisiones a través de blockchain. La auto-regulación total, como la defienden varios tecnólogos utopistas o las corrientes más ultra-liberales, es quizás una falacia.
  • La infraestructura de blockchain requiere un poder computacional en red bastante grande, lo cual no es fácilmente escalable a toda la población. Es por ello que varios usuarios de bitcoin han empezado a crackear servidores y sistemas de empresas grandes para poder seguir minando criptomonedas. Si aún no logramos subvertir las brechas digitales, es menos probable que podemos imaginar que la mayoría de la población cuente con dispositivos lo suficientemente poderosos como para manejar blockchains masivos.  
  • La falta de capacidad tecnológica para procesar algoritmos tan complejos y cadenas de información tan grandes, conlleva a la generación de pequeños oligopolios tecnológicos de decisión. Es decir, las computadoras capaces de verificar las transacciones más complejas serán pocas, y aquellos o aquellas que las controlen, podrán tener mayor influencia en la toma de decisiones.
  • La política es un proceso complejo que requiere decisiones humanas, es decir, no podemos dejarle todo a algoritmos y códigos binarios. La desigualdad y los códigos éticos no necesariamente pueden ser comprendidos y solucionados a través de solucionismo tecnológico.

Blockchain, sin dudas, representa un gran avance con inmensas potencialidades. Su fuerte es la capacidad de generar comunicaciones y registros más seguros y distribuidos, sin la necesidad de entes intermedios que tengan la capacidad de censurar, alterar u orientar la información para su propio beneficio. Esta sería una gran forma de generar procesos de decisión de abajo hacia arriba. De todos modos, es preciso tomar en cuenta sus limitaciones antes de evangelizarlo como la solución definitiva a la democracia.

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Imagen de portada: KJ Bevan

Publicado por:
Cristian León
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Cristian León

Lidera el nuevo proyecto de Asuntos del Sur, #InnovaPolíticaLatAm. Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Catolica Boliviana “San Pablo”. MSc en Estudios Críticos del Desarrollo del CIDES-UMSA. Investigador social en temáticas relacionadas a internet, política, tecnologia y sociedad.