La violencia contra la mujer, la verdadera brecha digital

Desde hace varios años se habla de una diferencia sustancial entre la cantidad de mujeres y hombres que acceden y usan internet. Esta diferencia ha recibido el nombre de brecha digital de género. Hoy estamos cerca de cerrar esa brecha y alcanzar una paridad digital. No obstante, ésta brecha oculta el verdadero problema: una aguda violencia que margina a las mujeres en el espacio digital.

Conforme el internet se democratizó y sus costos bajaron, a la vez que éste se volvió una necesidad más que un privilegio, la brecha entre hombres y mujeres que acceden a internet tendió a cerrarse. Hoy por hoy, aunque todavía existe, esta brecha es ya menos perceptible: alrededor del 3% a nivel global y apenas 1% en Latinoamérica (Gráfico 1). Un factor importante para esto fue, por supuesto, el mercado. Equilibrar el acceso a internet implicó, al mismo tiempo, ensanchar el mercado para la economía digital y fortalecer así aquellas empresas que comercializan datos, como Google y Facebook. Entonces, cerrar la brecha digital de género no era necesariamente una cuestión de justicia, sino de un cálculo capitalista.

Gráfico 1. Porcentaje hombres y mujeres usando internet (2016-2017)

‍Fuente: Unión Internacional de Telecomunicaciones, 2018

Pero la brecha digital, en realidad, nunca ha sido una cuestión meramente aritmética. Las mujeres aún se encuentran en una situación de clara desventaja y exclusión en los espacios tecnológico-digitales, sobre todo aquellos que implican toma de decisiones y en los cuales su participación puede generar una diferencia. Por eso, la verdadera brecha digital es la violencia en contra de las mujeres, que adopta cuatro tipo de manifestaciones: carencia de oportunidades, disuasión de la participación, cosificación sexual y marginación algorítmica.

a. Carencia de oportunidades

Esta se refiere a la posibilidad de que más mujeres puedan aprovechar de las oportunidades que brindan las tecnologías de la información y comunicación (TIC). El acceso a internet es, desde el 2011, un derecho humano y es transversal a varios Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS). No acceder a internet disminuye las posibilidades de obtener información estratégica, generar nuevos conocimientos, enterarse de convocatorias a fuentes de trabajo e ingresos y conectar con personas, por citar sólo algunas.

Más allá del acceso, también es pertinente verificar si las mujeres ocupan posiciones de liderazgo en el sector tecnológico. De acuerdo a la UIT (2016), sólo el 11% de los ministerios de tecnología en el mundo son dirigidos por mujeres, y la misma cifra se repite en organizaciones internacionales que trabajan con TIC. Con respecto a mujeres que trabajan en el sector tecnológico, apenas el 6% de programadores o diseñadores de software son mujeres (Bogdan‑Martin, 2016).

b. Disuasión a la participación

El segundo tipo de violencia es la disuasión, que es el resultado del acoso digital y del llamado “discurso de odio”: al sentirse constantemente atacadas, las mujeres optan por salirse del espacio digital. El acoso digital puede entenderse como aquella acción de  hostigamiento, humillación y acecho a una o varias personas, a través de medios y plataformas digitales (Take Back the Tech, 2017). De acuerdo a una encuesta realizada por HalthAbuse (2013), a nivel global, de cada 10 casos de abuso, 6 son a mujeres; de este, 63% del acoso proviene de alguien con una relación íntima. El discurso de odio, por otro lado, puede entenderse como aquellas expresiones que incitan a la violencia y discriminación en función a alguna característica de la víctima, pudiendo ser esta su género, color de piel, ideología u otra (Gagliardone, 2017). Más allá de la preeminencia de los ataques, es importante acotar que los hombres son atacados más por los contenidos de sus publicaciones y/o por sus creencias o pertenencias étnicas y/o religiosas, mientras que las mujeres, por otro lado, son atacadas mayormente por ser mujeres y por su apariencia (Nadim y Fladmoe, 2016).

c. Cosificación sexual

La cosificación sexual, la tercera manifestación de la violencia referida, parte de una cultura de sexualización de la intimidad de la mujer. Esta se da de muchas formas, pero es más frecuente a través de casos de extorsión y en la difusión de datos personales, aunque es transversal a una serie de otros actos, incluyendo por supuesto el consumo pornográfico. Es un acto violento, pues busca influenciar o provocar ciertos comportamientos en las víctimas a cambio de no revelar imágenes privadas y/o íntimas (Vela y Smith, 2016). A menudo, el perpetrador de la extorsión busca también el linchamiento y acoso público de la víctima (Vela y Smith, 2016). Este acto, por otra parte, deriva en un acto de violencia estructural, ya que la difusión de información íntima busca vulnerar no solamente el derecho a la privacidad de la víctima, sino que -en el caso de las mujeres- opera desde su conceptualización sexualizada. Ejemplo de esto fue el famoso caso “CelebGate”, en el cual se filtraron fotos de celebridades mujeres que se encontraban desnudas. El hecho se convirtió en un escándalo, no porque hubieran vulnerado la nube de Apple, sino porque eran mujeres famosas!

d. Marginación algorítmica

Esta violencia, de reciente investigación por Safiya Umoja, se extiende además a otras violencias interseccionales, como el racismo y la xenofobia. la marginación algorítmica se refiere a que los motores de búsqueda, la información indexada y la lógica con la que los algoritmos curan los contenidos que vemos y consumimos en internet, tienen fuertes sesgos con respecto a las opresiones sociales que vivimos. Si se busca el término “mujer” por ejemplo, los primeros resultados serán categorizaciones sexuales y de rol de género: “mujeres fáciles”, “moda para mujer”, “poemas”, mientras que si se hace el mismo ejercicio con el término “hombre”, los resultados serán “filosofía”, “hombres exitosos”, “hombres de valor”, entre otros. Lastimosamente, la manera en la que se ha ido expandiendo internet ha sido bajo una lógica altamente machista del mundo

Las violencias aquí descriptas son verdaderas brechas que afectan a que más mujeres puedan hacer del internet un verdadero espacio de participación democrática. Si ellas no pueden acceder de manera segura, libre y en las mismas oportunidades que los varones, estamos reproduciendo en lo digital el mismo mundo machista que mata 12 mujeres al día en Latinoamérica por el hecho de ser mujeres.

Publicado por:
Cristian León
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Cristian León

Lidera el nuevo proyecto de Asuntos del Sur, #InnovaPolíticaLatAm. Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Catolica Boliviana “San Pablo”. MSc en Estudios Críticos del Desarrollo del CIDES-UMSA. Investigador social en temáticas relacionadas a internet, política, tecnologia y sociedad.