h

 

a

 

u

 

a


a

 

 

z

.

z

.

z



 

Las elecciones de 2009 en Uruguay.

 

Por Antonio Cardarello, Universidad de la República.

 

 

 

 

El pasado 25 de octubre los uruguayos votaron en elecciones para renovar sus autoridades, no solo presidente sino también las cámaras legislativas, senado y diputados, que se renuevan en su totalidad. En Uruguay, el voto es obligatorio para los mayores de 18 años, los mandatos duran 5 años  y no existe la reelección inmediata del presidente, por lo que el actual mandatario Tabaré Vázquez, estaba impedido concurrir por un nuevo mandato

La oferta electoral para la primera magistratura la componían, la fórmula del oficialista Frente Amplio (FA) el ex guerrillero y ex ministro del actual gobierno José Mujica y el ex ministro de economía Danilo Astori, la del P. Nacional (PN) el ex Presidente (1990-95) Luis A. Lacalle y Jorge Larrañaga, el P. Colorado (PC) presentaba la fórmula Pedro Bordaberry y Hugo de León, por el P. Independiente (PI) Pablo Mieres e Iván Posada y finalmente Raúl Rodríguez y Delia Villalba por la Asamblea Popular (AP).

 

Las principales empresas de opinión pública otorgaban un amplio favoritismo para el oficialismo que finalmente se concretó en las urnas, pero que no alcanzó para ganar la presidencia en primera vuelta. Los resultados del escrutinio primario, quedan por contabilizar los votos los observados que alcanzan 32.154, arrojan que sobre el total de votantes el FA obtuvo el 48.2% de los votos, el PN el 28.9%, el PC 16.9, el PI 2.5 y AP 0.7. Estos resultados no permitieron que el FA obtuviera la presidencia en primera vuelta al no superar el 50% de los votos emitidos (suma de los votos válidos, mas los votos en blanco y anulados), pero si aseguraron que el partido de gobierno lograra la mayoría parlamentaria (16 senadores en 30 y 50 diputados en 99) dado que para la asignación de las bancas legislativas solo se contabilizan los votos válidos, esto es aquellos que expresan alguna preferencia partidaria.

La segunda vuelta o ballotage del 29 de noviembre enfrenta nuevamente a los dos candidatos que muestran perfiles bien diferentes, pero que comparten ser los candidatos más extremistas que podían presenta sus respectivos partidos.


Mujica uno de los principales referentes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros durante la década de 1960  y uno de los más notorios presos políticos de la dictadura (1973-85), es reconocido por su manera informal de hablar  y de vestirse, provoca cierta inseguridad y reserva en algunos sectores de la sociedad uruguaya. Si bien exhibe un pragmatismo que lo aleja de discursos de izquierda radical (a la que sus adversarios políticos quieren emparentar), es la imprevisibilidad de su discurso que genera esta sensación. Buscando corregir esto, en la última etapa de la campaña se recostó fuertemente en destacar los logros del actual gobierno y en su compañero de fórmula, el ex-ministro de Economía Danilo Astori que encarna la línea más moderada del FA y supone la continuidad de las políticas del gobierno. Como forma de tranquilizar a los mercados, Mujica ha reiterado que será Astori quien definirá el equipo económico de ganar la elección. Algo similar a lo que hizo el actual presidente Vázquez, cuando nombró a este último por anticipado como su futuro ministro de economía a mediados de 2004.


Del lado de enfrente  la oposición buscará concentrarse en el ex-presidente Luis Alberto Lacalle, que gobernó entre 1990 y 1995 y lidera al Partido Nacional principal partido de oposición. Lacalle proviene de una familia tradicional da política uruguaya, nieto del caudillo Luis Alberto de Herrera que lideró el PN entre 1922 y 1958. Fue electo diputado en 1971, senador en 1984 y finalmente Presidente de la República en 1989.


El punto débil de Lacalle es el perfil liberal que intentó dar a su gestión en la década de 1990 y a los episodios de corrupción durante su período señalados incluso por sus propios compañeros de partido.


La campaña para la primera vuelta se caracterizó por ser una campaña eminentemente negativa, donde la preocupación estuvo más en resaltar las debilidades del adversario que explicar sus propuestas y en este punto ambos candidatos tuvieron declaraciones desafortunadas que provocaron que sus detractores intentaran aprovechar al máximo estos deslices buscando sacar el mayor rédito político posible. Solo al final de la campaña se logró una campaña más propositiva y aquí tuvo más éxito el FA con propuestas basadas sobre todo en la profundización de las políticas en curso.


La campaña para el balotaje promete más de lo mismo, sobre todo del lado de la oposición. Lacalle deberá demostrar que Mujica es alguien inestable e imprevisible que no está preparado para gobernar  e intentará hacer gala de de su experiencia de gobierno y atribuirse una mayor capacidad de diálogo con todos los partidos.


Por el lado de Mujica, el candidato debería insistir en comparar la gestión del actual gobierno con los anteriores, destacar sus logros y asegurar su continuidad. A esto se le suma el hecho de que al poseer mayoría parlamentaria ofrece un escenario de gobernabilidad muy superior al de su contrincante, que debería lograr convencer a los demás partidos (PC, PI) de participar en una coalición de gobierno estable y aun así con minoría parlamentaria. Lo cual es poco probable sobre todo recordando la experiencia anterior de Lacalle, cuyo administración no solo perdió paulatinamente el apoyo de los socios del PC, a excepción del sector liderado por el ex presidente Pacheco, sino que incluso lo demás sectores del PN abandonaron el gobierno.


Mujica por su parte no debería descartar (ya lo anunció durante la semana anterior al 25 de octubre) llegar a acuerdos con la oposición. Lograr, lo que no se consiguió en este gobierno, la participación de la oposición en los directorios de las Empresas Públicas y modificar mediante acuerdos la integración del os organismos de contralor (Corte Electoral y Tribunal de Cuentas) que no se han modificado en los últimos diez años y cuya integración refleja el resultado electoral de 1994.


En definitiva en el arranque todos los pronósticos apuntan a que Mujica sea el próximo presidente de Uruguay, tanto por el resultado electoral como o por el hecho de tener asegurada la mayoría en el parlamento. Recordemos que en la segunda vuelta de noviembre solo se toman en cuenta los votos válidos, de los cuales Mujica ya recogió el 49.5 en octubre por lo que de no tener una campaña muy desacertada que provoque una gran fuga de votos, lo esperable que mantenga a la mayoría de ellos y capte el pequeño número de votantes que le asegure el triunfo, en el entorno de las 9.500 adhesiones.


A diferencia de 1999 cuando Tabaré Vázquez con 40%  de los votos en la primera vuelta debió enfrentar al candidato colorado Jorge Batlle, que había obtenido 33% y que sumado al PN alcanzaba el 55%, el resultado final reflejó bastante bien esto fue finalmente 55% a 45%.  Aquí se destacan dos cosas el FA había quedado a mas de 10 puntos porcentuales de la mayoría absoluta y esa diferencia era mayor que la que lo separaba de su contrincante. En esta oportunidad por el contrario solo medio punto porcentual separa a Mujica de la victoria, mientras que son 20 puntos los que lo distancian de su más inmediato perseguidor.


Lacalle por su parte debería retener a todos sus votantes, conquistar a todos, literalmente, los votantes colorados e independientes, y esperar todavía que Mujica pierda votos, es esta una tarea verdaderamente titánica y que si bien nos es imposible es al menos poco probable.


Repetimos el escenario más probable es que Mujica triunfe y el FA se mantenga en el poder por otros 5 años, pero la política es dinámica, campañas son campañas y como reza el dicho popular  “…en la cancha se ven los pingos...”

Feed RSSWebmail