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Fronteras Virtuales y Gobernabilidad: ¿Nos estamos olvidando de la cuestión ideológica en América Latina?

 



Por Andrés Dockendorff y Tomás Fuentes Barros.


La intromisión directa e indirecta de Venezuela a través de su jefe de Estado en los asuntos internos de otros Estados latinoamericanos, se ha transformado en una constante desde que Hugo Chávez adoptó una posición ideológica más radical y se convirtió en el referente de la izquierda latinoamericana no renovada, la cual parecía enterrada por el consenso neoliberal. La combinación de un poderoso discurso plagado de reivindicaciones, justicia social, anti imperialismo, duras críticas a Estados Unidos y una declarada orientación filo cubana han transformado a Chávez en el líder y vocero de la izquierda que no se renovó, y que en lo básico, continúa apelando a los mismos cambios de 40 años atrás. En América Latina, esta resurrección se ha visto facilitada por la llegada al poder de gobiernos de izquierda moderada que no han logrado responder con políticas gubernamentales adecuadas a las demandas sociales y que buscan satisfacerlas adoptando una retórica izquierdista.

Ahora bien, el liderazgo que Chávez detenta en la izquierda de la región no se explica por una gestión gubernamental exitosa, sino más bien por la capacidad de expandir su radio de influencia a través de la explosiva combinación de petróleo y un discurso plagado de anti -imperialismo y supuesta justicia social. De esa forma, el liderazgo de Chávez al interior de la izquierda latinoamericana se sustenta en la violación de las fronteras virtuales de otros Estados, primero a partir del establecimiento de subsidios, beneficios y recursos a los gobiernos alineados con su línea ideológica y programática, lo cual técnicamente corresponde a una fase donde hay consentimiento del Estado receptor. Otra intromisión es aquella en el proceso político interno y la competencia electoral de terceros Estados, por ejemplo; realizando declaraciones en las que se apoya directamente una candidatura, como sucedió en las elecciones peruanas de 2006 donde el mandatario venezolano se pronunció abiertamente a favor del candidato nacionalista Ollanta Humala y criticó duramente a Alan García. Otro tanto ocurrió con su apoyo a Rafael Correa en Ecuador y con Evo Morales en las elecciones bolivianas de 2005. También violó las fronteras virtuales con el apoyo y reconocimiento a las FARC. Desde el momento en que el gobierno venezolano interviene de esa forma en el proceso político de otros países, está vulnerando el “principio de no intervención”, que establece la obligación de todos los Estados de abstenerse de intervenir directa o indirectamente en los asuntos internos o externos de otros Estados.

Bajo ese prisma, observar la coincidencia ideológica entre el chavismo, Rafael Correa y las FARC colombianas contribuye a decodificar el origen y la naturaleza de la crisis derivada del ataque colombiano a las fuerzas de las FARC en territorio ecuatoriano. La coincidencia ideológica entre los Estados vecinos de Colombia y las FARC -y por otro lado la naturaleza excepcional del gobierno de Uribe como el único de centroderecha en la región- explican en parte la aceptación y el reconocimiento de las FARC como movimiento político, en el caso de Chávez, y la discusión sobre su estatus de beligerancia en Ecuador, a lo que se agregarían redes de financiamiento y cooperación no transparentadas que complican aún más la situación, que se constituye finalmente en una violación de la soberanía y de la independencia política colombiana.

Pero los alcances de la cuestión ideológica van aún más allá, puesto que los gobiernos de América Latina liderados por partidos y/o coaliciones progresistas no han condenado claramente la violación sistemática de los DD.HH por parte de las FARC, las que han asesinado y secuestrado a cientos de personas durante décadas. Sobre este punto gobiernos de izquierda como el chileno, han mantenido una posición ambigua y errática sobre el tema. Esto obedece a que en materia de derechos humanos, libertad y democracia, lamentablemente se tiende más a emitir juicios ideológicos que a evaluar la naturaleza de la trasgresión en forma objetiva. 

Por otra parte, el apoyo a las FARC y a la violación de la soberanía virtual colombiana constituyen una amenaza para la gobernabilidad democrática en ese país, toda vez que fortalece y legitima la posición de un actor que no respeta las reglas y fórmulas del juego democrático, el estado de derecho y los DD.HH. En otros casos, la institucionalización de las normas y procedimientos que delimitan el sistema democrático, la competencia política y los mecanismos para la resolución pacífica de conflictos, se ve dificultada con la intervención de terceros Estados que buscan extender y consolidar su influencia ideológica y política. El apoyo a liderazgos de outsiders, como el de Ollanta Humala en Perú, no contribuye a la institucionalización del sistema de partidos, sino que más bien posiciona un discurso crítico y revolucionario que sigue la ruta trazada por Caracas -aunque sin petrodólares-, instalando demandas impulsadas por plataformas programáticas que en muchos aspectos requieren de una profunda reingeniería institucional y normativa, que cuestiona aspectos básicos del ordenamiento político- económico y muchas veces ponen en tela de juicio los pilares de la democracia representativa.  

Finalmente, es clave entender que la violación de las fronteras virtuales y el intervencionismo en los asuntos de política interna de otros países de América Latina forma parte de la política exterior de Hugo Chávez, que se materializa y se disfraza bajo la forma de cooperación y subsidios, por un lado, y recursos y apoyo explícito a los candidatos y fuerzas políticas más próximos a su ubicación ideológica y a su agenda revolucionaria. Esto representa una amenaza para la gobernabilidad democrática y la estabilidad política, toda vez que fortalece la posición de actores extra-institucionales, de grupos terroristas definidos generosamente como movimientos políticos, guerrilla o tropas beligerantes, como las FARC. Por ello, y debido a su incidencia en la gobernabilidad y la institucionalización democrática, es importante poner atención a la violación de las fronteras virtuales, frecuentemente motivada por cuestiones ideológicas.



Andrés Dockendorff; Licenciado en Ciencia Política, Universidad Central de Chile. Investigador Asociado Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile, Santiago, Chile.
Tomás Fuentes Barros; Presidente de la Juventud Renovación Nacional, Chile. Cientista Político, Universidad Central de Chile.

 




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